Capítulo 236
CAPÍTULO 153
El murmullo de la sala se apagó lentamente cuando el sonido de unos pasos firmes resonó en la cabecera de la mesa.
Todos los rostros se giraron hacia el frente.
Hoy, la junta iba a ser presidida por primera vez por Mateo de la Vega.
- Buenos días a todos -comenzó Mateo, y su voz, profunda y resonante, llenó la sala con una autoridad natural que hizo que Alexander sonriera imperceptiblemente de orgullo- Damos por iniciada la junta directiva semestral de la corporación de la Vega.
Durante las siguientes dos horas, Mateo condujo la reunión con una maestría que dejó a los mayores impresionados. No era una simple formalidad; era una junta familiar diseñada para ver los avances de cada división, debatir los nuevos proyectos de sostenibilidad que Mateo impulsaba, y revisar el flujo de caja antes de la distribución de las regalías del semestre.
Mateo desglosó los números de la división tecnológica de Thiago y Karla, cuestionó con agudeza los reportes logísticos de Benicio y expuso su propio plan de expansión para el próximo año.
Manejaba los datos con la precisión de su padre, pero con la empatía y la visión humana que Lucía le había inculcado desde que era un niño en el orfanato.
Al finalizar la presentación, cuando se aprobaron los dividendos y las carpetas comenzaron a cerrarse, el ambiente se relajó. Los murmullos volvieron a llenar la sala mientras los asistentes recogían sus pertenencias.
Sofía se puso de pie de inmediato. No tenía intenciones de quedarse a las charlas de pasillo ni de soportar la presencia de Karla. Rodeó la mesa con paso rápido y se acercó a la cabecera, donde Mateo estaba terminando de guardar su ordenador.
- Estuviste increíble -le dijo Sofía en voz baja, apoyando una mano en el brazo de su hermano-.
Papá está que no cabe en sí de orgullo.
- Gracias, Sofi -respondió Mateo, exhalando un suspiro de alivio genuino-. Creí que el tío Roberto me iba a saltar a la yugular con el presupuesto de energías renovables.
- Nadie puede saltarte a la yugular cuando los números son tan sólidos. -Sofía apretó su brazoEscucha... te espero en tu oficina. Tenemos cosas de las que hablar.
Mateo la miró a los ojos y asintió, sabiendo perfectamente que no iban a hablar de dividendos.
Iban a hablar de la noche del sábado. Iban a hablar de Samanta y del Velvet.
- Dame cinco minutos y te busco -acordó él.
Sofía se dio media vuelta y caminó hacia la salida.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.