Capítulo 242
CAPÍTULO 159
Thiago apareció por el final del pasillo. Llevaba el saco desabrochado, una tablet en una mano y el teléfono en la otra. Su sola presencia pareció alterar la presión atmosférica del corredor. Al ver a su tío y a Karla conversando, guardó el dispositivo y aceleró el paso.
- Disculpen la demora -dijo Thiago, llegando hasta ellos con la respiración controlada- El vicepresidente de logística de la zona sur me retuvo más de lo previsto con un problema en las aduanas.
Tío Alexander, gracias por enseñarle la empresa a Karla, los acompañaré a partir de ahora.
- No ha sido molestia alguna, Thiago -respondió Alexander, dándole una palmada en el hombro a su sobrino-Tu compañera es una conversadora fascinante. Tienen las prioridades muy claras.
Thiago miró a Karla por una fracción de segundo, intentando descifrar si la charla había tocado terrenos pantanosos, pero el rostro de la ejecutiva era una esfinge de porcelana.
- Me alegra oírlo -dijo Thiago- He venido para terminar la recorrida y mostrarle su propia oficina.
- Los acompaño hasta allí y los dejo trabajar - concedió el patriarca.
Caminaron unos metros más hasta llegar a una imponente oficina de cristal esmerilado, ubicada estratégicamente en el pasillo principal, a escasos metros del despacho del propio Thiago. Era una ubicación de privilegio, reservada solo para la élite de la corporación.
Thiago empujó la puerta y encendió las luces con un panel táctil.
- Llegamos -anunció Thiago, haciéndose a un lado para dejarla entrar- Esta será tu oficina, Karla.
Karla caminó hasta el centro de la habitación, rozando la superficie fría del escritorio con la yema de los dedos. Era el trono que se había ganado con años de sudor, estrategias despiadadas y sacrificios personales. El triunfo era dulce, aunque el precio emocional que estaba pagando con la frialdad de Thiago le dejaba un regusto amargo.
- Es perfecta -dijo ella, girándose hacia los dos hombres.
- Puedes hacerle todos los cambios que quieras - le indicó Thiago- Si no te gusta el mobiliario, o si necesitas equipos adicionales, habla con recursos humanos. Tienes carta blanca para adecuarla a tus necesidades.
Alexander, observando la dinámica entre ambos, supo que su papel allí había terminado.
- Siéntete libre de hacer lo que quieras, Karla - dijo Alexander, dándole un leve asentimiento a modo de despedida- Esta empresa se nutre de la gente que no teme dejar su propia marca. Thiago, te veré en la junta de revisión de presupuestos a las cuatro. No llegues tarde.
- Ahí estaré, tío. Gracias.
Alexander se dio la media vuelta y salió de la oficina, cerrando la pesada puerta tras de sí con un chasquido sordo.
El silencio cayó sobre el despacho de golpe. El ruido de la corporación quedó ahogado por el aislamiento acústico de las paredes, dejando a Thiago y a Karla solos, enfrentados en un espacio tan inmenso que la distancia física entre ellos se sentía kilométrica.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.