Capítulo 243
CAPÍTULO 160
Mateo estaba de pie tras su escritorio.
- Pasen -dijo rodeando el escritorio - Justo estaba terminando de revisar los márgenes de impacto ambiental de las nuevas rutas que propusieron en la junta.
Thiago entró con las manos en los bolsillos. Karla entró detrás de él, con la espalda recta y una compostura impecable.
- Queríamos pasar a coordinar los enlaces de comunicación entre los departamentos antes de que el día nos consuma por completo -explicó Thiago, adoptando su voz de director- Además, quería hacer la presentación oficial entre ustedes.
Mateo se acercó a Karla y, esta vez, le extendió la mano con una formalidad cálida, muy distinta al saludo apresurado en el oscuro y ruidoso ambiente del Club Velvet de la noche anterior.
- Karla, oficialmente, bienvenida a la matriz de VegaCorp -dijo Mateo, estrechando la mano de la ejecutiva- Tu trabajo en Asia ha sido impecable.
He leído tus reportes de reestructuración y la forma en que integraste las nuevas tecnologías es brillante. Quiero que sepas que desde la Dirección de Nuevos Negocios, cualquier cosa que necesites, estoy a tus enteras órdenes.
Karla sonrió.
- Muchas gracias, Mateo. El reto de unificar los estándares asiáticos con los protocolos de aquí es grande, pero estoy segura de que lograremos una transición fluida. Contar con el apoyo de su división será vital.
Mateo asintió y miró a su primo con una chispa de complicidad.
- Aunque dudo mucho que necesites demasiada ayuda teniéndolo a él como mentor -comentó Mateo, señalando a Thiago con un gesto de cabeza - Thiago conoce los engranajes de este edificio mejor que cualquiera de nosotros. Estás en las mejores manos posibles.
Karla no movió un solo músculo de su rostro, pero sus ojos oscuros se fijaron en Thiago por una fracción de segundo.
-Sí -respondió Karla, con una voz tan suave como el filo de una navaja- El señor de la Vega ha sido... un excelente instructor en cuanto a las reglas del juego. Confío plenamente en su dirección.
Thiago apretó la mandíbula al escuchar el señor de la Vega. Esa mañana le decía cosas muy distintas al oído, pero ahora ella lo trataba con una distancia que lo hacía sentir como un anciano miembro del consejo. Trató de ignorar la punzada en su ego y se enfocó en su primo.
- Hablando de Asia -intervino Thiago, cambiando el rumbo de la conversación-, vi en tus proyecciones de esta mañana que planeas implementar el modelo de energía solar en los almacenes utilizados en el otro continente.
- Así es -confirmó Mateo, apoyándose en el borde de su escritorio y cruzando los brazos- De hecho, me gustaría en alguna oportunidad viajar a Asia con ustedes. Necesito conocer las oficinas de allá de primera mano, ver el terreno, hablar con los operarios locales para adaptar el plan de sustentabilidad de manera realista, no solo desde un plano en 3D.
Sería una excelente idea -respondió Karla rápidamente, antes de que Thiago pudiera hablar, asumiendo su rol de codirectora con total autoridad - Las filiales en Tokio y Shanghái tienen dinámicas muy particulares. Un viaje inmersivo le daría una perspectiva invaluable. Nosotros podríamos coordinar su agenda.
- Me encantaría -dijo Mateo. En el fondo, un viaje al otro lado del mundo le parecía la excusa perfecta para huir de la ciudad.
Estaban enfrascados en los detalles de la posible logística del viaje cuando un par de golpes tímidos en la puerta de cristal interrumpieron la charla.
La puerta se abrió con lentitud y un joven asomó la cabeza. Era Esteban.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.