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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 245

Capítulo 245

CAPÍTULO 162

- No me voy a ir a ninguna parte hasta estar seguro de que estás bien -le dijo Mateo a Samanta, su voz suavizándose solo para ella, ignorando por completo la presencia de Héctor.

Samanta lo miró a los ojos. Vio la terquedad, vio la preocupación genuina, y sintió que el corazón se le partía. Ese hombre realmente intentaba protegerla.

Y ella tenía que alejarlo para salvarlo.

¿Qué estás buscando, Mateo? -le preguntó Samanta directamente, su voz sonando más dura de lo que sentía por dentro, intentando construir un muro entre los dos.

Mateo tragó saliva. La vulnerabilidad lo asaltó, pero esta vez no iba a usar su billetera como escudo. Iba a ser honesto.

- Quiero hablar con vos -dijo él, en un tono bajo y sincero- Solo hablar. Por favor.

Héctor, observando la dinámica, se dio cuenta de que la situación era perfecta. Mateo estaba enganchado, vulnerable, suplicando por la atención de Samanta. Era el momento de retirarse y dejar que la trampa hiciera su trabajo.

- Los dejaré solos -dijo Héctor con una sonrisa obsequiosa que a Mateo le provocó náuseasTienen cosas que discutir. Señor de la Vega, un placer. Samanta, te veo luego en el camerino.

Héctor se dio la vuelta para marcharse, pero no sin antes, desde un ángulo que Mateo no podía ver con claridad, hacerle una seña a Samanta. Fue un gesto rápido y letal: se tocó el reloj imaginario en su muñeca y luego se pasó el pulgar por el cuello.

Mateo no lo comprendió, no captó el lenguaje de las sombras, pero Samanta sí. El mensaje era cristalino: <«Aprovecha esta oportunidad. Métele en la red. No lo dejas escapar».

A Héctor le molestaría mucho si dejara pasar esta oportunidad que el destino le había puesto en bandeja de plata.

Mateo dio un paso hacia ella, pero mantuvo una distancia respetuosa.

- Samanta, ¿por qué dejas que te trate así? - preguntó él, la incomprensión y la frustración evidentes en su tono- Deberías buscar a otra persona. Un profesional de verdad. Si ese tipo solo consigue que bailes en este lugar, en estas condiciones, y encima te levanta la mano... no es un buen representante. Eres demasiado talentosa para estar atada a un miserable como ese. Tienes un don.

Deberías estar en los mejores teatros, no... aquí.

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Samanta sintió que la presión en su pecho se volvía insoportable. La ingenuidad de Mateo, su visión del mundo donde los problemas se solucionaban simplemente "buscando a otra persona", le resultó casi un insulto a su realidad de supervivencia. La frustración y el miedo la superaron. La represa de sus emociones se rompió.

- ¡Él no es solo mi representante! -estalló Samanta, la voz quebrándosele- Es mi padre.

La confesión resonó en el pasillo estrecho. Tan pronto como las palabras abandonaron sus labios, Samanta dijo una verdad de la que se arrepintió instantáneamente. Se cubrió la boca con una mano, cerrando los ojos con fuerza. Había revelado su mayor debilidad.

Mateo se quedó paralizado. Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras asimilaba el golpe.

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