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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 246

Capítulo 246

CAPÍTULO 163

Esteban apagó el motor, tomó la carpeta, se ajustó el nudo de su corbata azul marino y caminó hacia la entrada de la finca Flores de la Vega.

Subió los escalones del porche y tocó el timbre de bronce que colgaba junto a la puerta principal de roble macizo.

Esperó.

No se escuchó ningún sonido en el interior. Volvió a tocar, esta vez un poco más fuerte. Siguió sin recibir respuesta. Miró a su alrededor, desconcertado. La casa parecía inmensa y vacía. Se secó las palmas de las manos en los pantalones del traje y decidió rodear la propiedad.

Se adentró más en la casa, caminando por un sendero de piedra que bordeaba el jardín trasero y conducía hacia una serie de construcciones de madera que parecían establos y graneros. Estaba tan concentrado mirando los letreros de las caballerizas y asegurándose de no pisar nada de barro con sus zapatos lustrados, que no se fijó por dónde doblaba la esquina de uno de los muros de mampostería.

El impacto fue repentino, aunque mucho menos violento que el de su primer encuentro.

Esteban chocó de frente con una figura que venía en dirección contraria a paso rápido.

- ¡Cuidado! -exclamó una voz femenina, seguida de una risa cristalina y sorprendida.

Esteban retrocedió trastabillando y levantó la vista.

Allí estaba ella.

- Oh, de nuevo tú -dijo Sofía de la Vega, deteniéndose y cruzándose de brazos, con una sonrisa divertida iluminando su rostro.

Llevaba unos pantalones de montar ajustados, botas altas de cuero cubiertas de polvo y una camisa blanca arremangada hasta los codos. Un mechón de su cabello castaño se había escapado de su trenza desordenada y caía sobre su frente bronceada.

- Señorita de la Vega... yo... lo siento muchísimo tartamudeó Esteban, sintiendo que el calor le subía desde el cuello hasta las orejas Sofía soltó una carcajada alegre, negando con la cabeza.

- Esta vez no fue mi culpa -bromeó ella, relajando su postura- Y puedes llamarme Sofía.

Aquí en la finca no usamos títulos corporativos.

¿Qué haces aquí? Estás un poco lejos de la fotocopiadora del piso cincuenta, ¿no crees?

El tono juguetón de Sofía hizo que los hombros de Esteban bajaran un centímetro, aunque su nerviosismo persistía.

- Sí, bastante lejos -admitió él, aclarando su garganta-. Vengo de parte del director Thiago.

Necesito buscar a su padre, al señor Alexander, para que me firme estos papeles. Toqué en la casa principal, pero no me recibió nadie.

- Tú debes ser el nuevo practicante del que nos habló Mateo -dijo Lucía, extendiéndole la manoAceptó la mano de la matriarca con cuidado.

- Sí, señora. Ese soy yo. Mateo de la Vega fue quien me hizo mi última entrevista.

Alexander terminó de firmar y le devolvió la carpeta a Esteban.

- Aquí tienes. Todo en orden. Dile a Thiago que el margen de error en el anexo B es del tres por ciento, que lo ajuste antes de enviarlo.

- Sí, señor. Se lo diré. -Esteban tomó la carpeta, aliviado de haber cumplido su misión sin cometer ningún error garrafal- Con permiso. Haré el ademán de irme para no quitarles más tiempo, debo regresar a la oficina.

Esteban hizo un movimiento para darse la vuelta, pero Lucía y Sofía no lo dejaron.

- ¿Irte tan pronto? Absolutamente no -dijo Lucía, interponiéndose suavemente en su camino- Has conducido más de una hora para llegar hasta aquí.

Lo mínimo que podemos hacer es ofrecerte algo de beber y mostrarte el lugar.

- Señora, se lo agradezco enormemente, pero mi jefe... es muy estricto con los horarios, y...

- Yo hablaré con Thiago si te dice algo -intervino Alexander, cruzándose de brazos con una sonrisa ladeada, disfrutando de ver a su esposa ejercer su hospitalidad inquebrantable- Déjate guiar, muchacho. Cuando Lucía y Sofía deciden mostrar la finca, es mejor no resistirse. 

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