Capítulo 260
CAPÍTULO 176
Sofía no fue la única que dio una sorpresa esa noche.
Karla, la codirectora de operaciones internacionales, siempre calculaba sus entradas.
Sabía que la puntualidad era una virtud, pero llegar estratégicamente tarde era una declaración de poder.
Karla bajó de su vehículo luciendo un vestido de seda esmeralda que la hacía ver muy hermosa. Pero la verdadera sorpresa no era su atuendo ni su retraso calculado.
Karla no llegó sola.
A su lado, ofreciéndole el brazo con una familiaridad pulida, caminaba un joven muy apuesto.
Cómo llegó, Karla evitó deliberadamente acercarse de inmediato a la mesa principal. Se escabulló por el lateral de la carpa y se sentó en una mesa secundaria, donde reconoció a varias secretarias y mandos medios de la empresa que habían trabajado con ella durante su breve tiempo en la sede central.
Su acompañante le corrió la silla con galantería, atrayendo miradas curiosas y susurros inmediatos.
Desde la mesa de la familia de la Vega, Thiago, que había estado conversando con su hermano Benicio, notó la llegada de Karla. Thiago tensó la mandíbula, sintiendo que el nudo de su corbata, que ya se había aflojado, volvía a asfixiarlo.
Karla esperó pacientemente. Disfrutó de la comida, ignoró sutilmente las miradas abrasadoras que Thiago le lanzaba desde el otro lado del recinto y decidió ir a saludar a la mesa principal solo cuando terminó el impresionante show de baile contemporáneo de Samanta.
Mientras los aplausos por la actuación de la bailarina aún resonaban en la carpa y Mateo se apresuraba a llevar a Samanta hacia el interior de la casa, Karla se puso de pie, ajustó su vestido y caminó hacia la mesa principal, seguida de cerca por su apuesto acompañante.
- Buenas noches a todos -dijo Karla, llegando a la mesa de honor justo cuando Lucía felicitaba a la bailarina- Lamento mucho la demora. Un compromiso de última hora me retuvo en la ciudad.
Alexander, siempre el primero en evaluar el tablero de ajedrez, asintió cortésmente.
- Buenas noches, Karla. Nos alegra que hayas podido venir. La fiesta apenas comienza.
Elisa, que estaba sentada junto a Rodrigo bebiendo champán, no perdió la oportunidad de indagar. Sus ojos escanearon al hombre rubio de arriba abajo.
- Qué bueno que llegaste, Karla -dijo Elisa, con una sonrisa que escondía dagas- Y veo que vienes muy bien acompañada. No sabíamos qué traerías un invitado contigo.
Karla sonrió con una dulzura ensayada, apoyando una mano ligera en el brazo de su acompañante.
- Espero que no sea una molestia. Les presento a Julian. Es un viejo compañero de la universidad. Es una coincidencia increíble que me lo haya cruzado hoy mismo en el centro de la ciudad. Solo estará de paso en la ciudad por el fin de semana para cerrar unos negocios, y me pareció oportuno mostrarle la hospitalidad de VegaCorp.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.