Capítulo 261
CAPÍTULO 177
Desde el momento en que Karla entró a la finca colgada del brazo de ese tal Julian, con su sonrisa perfecta y su vestido perfecto, había sentido una punzada física en el pecho que se negaba a clasificar como celos.
Él había establecido que su relación con Karla debía mantenerse estrictamente profesional para no enturbiar las aguas de VegaCorp. Pero verla cumplir esa regla tan a rajatabla, verla traer a otro hombre a su terreno, a la fiesta de su familia, era una ofensa a su orgullo que no lograba digerir. Peor aún, también se sentía enojado con Sofía por huir con el practicante Esteban, y ahora, enojado con Karla por demostrarle que era completamente reemplazable.
Thiago sentía celos de todo el mundo. Estaba molesto.
Y si había alguien con un radar infalible para detectar la molestia ajena y capitalizarla para su propio entretenimiento, era Benicio.
El hermano menor apareció de la nada y se dejó caer en la silla vacía que estaba justo al lado de Thiago, estirando las piernas largas con esa actitud lánguida y despreocupada que siempre lograba exasperar al mayor.
Benicio le dio un sorbo al vino, chasqueó la lengua y miró la escena. Observó a Karla riendo con la señora Elisa, ignorando olímpicamente a Thiago, y luego se giró hacia su hermano con una sonrisa de lobo que acaba de encontrar una oveja herida.
- Vaya panorama -comentó Benicio en voz baja, apoyando el codo en la mesa y recostando la cabeza en su mano- Te has quedado solo, hermanito.
Thiago tensó la mandíbula, sin apartar la vista de su copa de agua con gas. No le daría a Benicio la satisfacción de verlo afectado.
- ¿De qué hablas? -respondió Thiago con frialdad - Estoy sentado en la mesa de honor de mi familia, celebrando el retiro de mi tío. No estoy solo. Tú también estás aquí, lamentablemente, ocupando oxígeno. Y además, tú también estás solo, así que no veo el punto de tu observación.1
Benicio soltó una carcajada limpia y sonora que contrastó con el murmullo general de la carpa.
- No, no, te equivocas, Emperador -dijo Benicio, alzando el dedo índice y moviéndolo de un lado a otro como un péndulo- Yo no estoy solo. Estoy...
en sala de espera. Mi compañía es un evento en progreso. Estoy esperando a alguien.1
Thiago rodó los ojos. La teatralidad de Benicio siempre lo agotaba, especialmente cuando su propia cabeza era un caos.
- Tu vida social siempre ha sido un circo, Benicio.
No me interesa a quién traigas a revolotear por la finca hoy.
- Debería interesarte. Pero bueno, hablemos de lo tuyo, que es mucho más trágico. -Benicio se inclinó más cerca, bajando la voz al tono de confidencia - Mirala. Mírala a ella.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.