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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 262

Capítulo 262

CAPÍTULO 178

Elisa de la Vega sostenía una copa de champán rosado por el tallo, observandoa la multitud con una expresión relajada. A su lado, apoyada en la barandilla de madera rústica, estaba Lucía.

Elisa y Lucía nunca habían sido grandes amigas. A lo largo de las décadas, habían logrado forjar una relación cordial que, contra todo pronóstico, había mejorado sustancialmente.

- Miralos -dijo Elisa, rompiendo el silencio cómodo que compartían. Señaló con la barbilla hacia un grupo de mesas donde los jóvenes de la familia estaban reunidos- Parecen dueños del mundo. Y pensar que hace nada estábamos discutiendo sobre a qué colegio enviarlos y quién tenía mejores calificaciones.

Lucía siguió su mirada. Vio a Mateo charlando con su amiga; vio a Sofía riendo a carcajadas con el nuevo practicante, Esteban; y vio a Thiago y Benicio, polos opuestos en personalidad, compartiendo un brindis con Karla.

- Han crecido demasiado rápido, Elisa -suspiró Lucía, con una sonrisa nostálgica curvando sus labios- A veces todavía los busco con la mirada esperando verlos correr por el jardín con las rodillas sucias de barro.

Elisa soltó una risa suave, recordando la anécdota.

- Hemos sobrevivido a sus infancias, Lucía. Y creo que podemos estar orgullosas de eso. No hemos criado monstruos corporativos, aunque el apellido pesara toneladas.

- Tienen buen corazón -coincidió Lucía, dándole un sorbo a su agua con gas-. Tienen los pies en la tierra. Incluso Thiago tiene un sentido del deber hacia la familia que me impresiona.

La mención del hijo mayor de Elisa hizo que la mujer se irguiera un poco más, hinchada de un orgullo maternal que no intentó disimular.

- Thiago es brillante -afirmó Elisa, mirando a la pareja que conversaba en la distancia- Y debo admitir, Lucía, que estoy muy contenta de la relación de Thiago y Karla.

Lucía enarcó una ceja, girando el rostro hacia su cuñada.

-¿Relación? No me había percatado de eso - comentó irónicamente Lucia.

Elisa miró su copa por un segundo, bajando la guardia de una forma que Lucía rara vez presenciaba.

- Quiero que él esté bien posicionado. Y Karla es una aliada estratégica formidable. Juntos son intocables. -Elisa suspiró- Sé que suena calculador, Lucía. Sé que tú prefieres los finales de cuentos de hadas, pero yo prefiero los imperios sólidos.

- No te juzgo, Elisa -respondió Lucía con sinceridad- Cada madre quiere lo que cree que es mejor para sus hijos. Solo espero que... que además de alianzas estratégicas, Thiago encuentre la paz. El poder desgasta mucho si no tienes con quién compartirlo en silencio.

Elisa dio un paso más cerca de Lucía.

- Sabes... -comenzó Elisa, dudando, como si las siguientes palabras le costaran un esfuerzo físico articularlas- He estado pensando mucho últimamente. Con el retiro de Alexander, la reorganización del consejo y todo este traspaso de mando a la nueva generación... he mirado hacia atrás.

Lucía esperó, atenta, sabiendo que Elisa no era mujer de disculpas fáciles ni de sentimentalismos baratos.

- Hace veinte años -continuó Elisa, con la voz más baja y un tono casi de confesión-, yo estaba convencida de que eras mi peor enemiga. Creía que venías a robarme mi lugar, a desplazar a Rodrigo ya quedarte con la fortuna de Augusto usando tu cara de niña buena y tus perros callejeros. Te odié, Lucía. Te odié con una fuerza que me envenenó durante años. Hice cosas...

cosas de las que no estoy orgullosa.

Lucía se quedó sin palabras.

Lucía levantó su copa y chocó suavemente el cristal contra la copa de Elisa.

- Gracias, Elisa. Y qué bueno que decidiste quedarte en el tren con nosotros.

Elisa sonrió, una sonrisa real que le llegó a los ojos, borrando las líneas de tensión de su rostro.

- No iba a dejar que me robaran el asiento VIP tan fácilmente, querida. Además, alguien tiene que enseñarle a Sofía a vestirse para las galas sin parecer que viene de montar a caballo.

Lucía soltó una carcajada limpia y sonora, aliviando la intensidad del momento.

- Eso es una batalla perdida, Elisa. Sofía morirá con las botas puestas.

- Lo sé. Pero me divierte intentarlo.

Ambas mujeres se quedaron apoyadas en la barandilla, codo con codo, observando la fiesta que rugía bajo la lona blanca.

- Deberíamos volver -sugirió Elisa, terminándose su champán con un último trago elegante- -Ve tú -dijo Lucía- Yo me quedaré un minuto más aquí. Quiero disfrutar de esta vista. Es un día para recordar.

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