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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 266

Capítulo 266

CAPÍTULO 182

Sofía y Esteban llevaban casi una hora conversando apoyados en la cerca de las caballerizas.

Hasta que la tranquilidad se rompió con un sonido bajo, gutural y prolongado.

La yegua alazana, que hasta ese momento había estado caminando en círculos lentos y perezosos, se detuvo en seco. Sus patas traseras temblaron levemente y un relincho agudo, cargado de urgencia, rasgó el silencio del establo.

Sofía se enderezó de golpe. Toda su actitud relajada se evaporó en un milisegundo. Sus ojos color miel se clavaron en el animal.

- Se echó -susurró Sofía, la alarma evidente en su voz- Ramón dijo que faltaban días, pero... creo que está rompiendo bolsa.

Esteban, cuya experiencia con animales se limitaba a ver documentales en televisión, sintió que el pulso se le aceleraba.

- ¿Estás segura? -preguntó, dando un paso atrás por instinto.

- Muy segura -confirmó ella, abriendo el pestillo de madera del box y entrando con cautela- La respiración es demasiado rápida. Ramón se equivocó. El ruido de la fiesta o quizás solo su propia biología adelantaron el parto.

Sofía se arrodilló junto a la yegua, que ahora yacía sobre la cama de paja limpia, jadeando pesadamente. Pasó una mano experta por el flanco sudoroso del animal.

- Esteban, necesito ayuda -ordenó Sofía, sin mirarlo-. Busca Ramon mientras yo busco a mi madre. Rápido. debe estar rondando las caballerizas. Dile lo que está sucediendo, él sabrá qué hacer. Y trae toallas limpias del armario det pasillo.

Esteban no dudó. El pánico inicial fue reemplazado por la claridad de las instrucciones.

- Voy -dijo, y salió corriendo por el pasillo central de los establos, olvidándose por completo de que sus zapatos no estaban hechos para correr sobre tierra y grava.

Mientras Sofía corrió hacia la zona de la fiesta, esquivando a un par de camareros sorprendidos.

Entró en la carpa, buscando desesperadamente a su madre.

No se encontraba en la carpa. Salió de la carpa y siguió buscando. Hasta que los vio en la terraza.

- ¡Mamá! ven, es una emergencia-jadeó Sofia, deteniéndose a su lado, con el pecho subiendo y bajando- En los establos. La yegua alazana...

estoy segura de que está rompiendo bolsa ahora mismo.

La sonrisa diplomática de Lucía se desvaneció, reemplazada por la concentración fría de la veterinaria cirujana.

- ¿Ahora? Ramón me aseguró que teníamos margen -murmuró ella. Miró a Alexander, y le hizo una seña rápida, apuntando hacia las caballerizas.

Él asintió, entendiendo el código.

Lucía se giró hacia su hija.

- Vamos.

Lucía y Sofía llegaron a atender a la yegua justo a tiempo. Cuando Lucía entró al box donde se encontraba la yegua, la situación ya era crítica.

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