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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 267

Capítulo 267

CAPÍTULO 183

Lucía se dejó caer sentada en la paja, apoyando la espalda contra la madera del box. Miró sus manos, sus brazos cubiertos de fluidos, y luego bajó la vista hacia su ropa. Su vestido de seda azul noche, elegida cuidadosamente por su estilista estaba completamente arruinada. Tenía manchas de sangre, barro y líquido amniótico.

Giró la cabeza y vio el aspecto de su hija. Sofía estaba igual de sucia, con el cabello pegado a la cara por el sudor y una sonrisa de triunfo absoluto.

Incluso Esteban, tenía las rodillas del pantalón destrozadas y la camisa blanca manchada de tierra y sudor de caballo.

Lucía soltó una carcajada ronca, liberando la tensión.

- Bueno... -dijo la ex-Presidenta de VegaCorp, mirándose la ropa-, espero que tu padre no se enoje, Sofía, pero definitivamente no voy a poder volver a la fiesta en estas condiciones.

Sofía se echó a reír, dejándose caer al lado de su madre.

- Por suerte está la tía Elisa, mami -bromeó la joven jinete, con los ojos brillando de diversiónElla es la anfitriona perfecta para esas cosas.

Seguramente estará encantada de acaparar a los fotógrafos sin que nadie le robe protagonismo. Yo tampoco vuelvo a esa carpa. Este es el mejor lugar de la finca.

Lucía asintió, pasándole un brazo por los hombros a su hija, orgullosa de la mujer fuerte y capaz en la que se había convertido.

- Ve a lavarte, Sofi. Yo me quedaré un rato más con Ramón para administrar los antibióticos postparto y asegurarme de que el potrillo mame.

- Voy a buscar toallas limpias a la casa y te traigo un café -se ofreció Sofía, levantándose con un gemido de dolor muscular.

Esteban, que seguía arrodillado cerca de la cabeza de la yegua, se puso de pie lentamente, sacudiéndose las manos. No sentía asco por la suciedad. Al contrario, se sentía vivo.

Había pasado meses encerrado en cubículos, lidiando con el estrés de las entrevistas primero y luego del trabajo; el miedo a no pasar el periodo de pasantias y perder su empleo. Aquí, sosteniendo a un animal inmenso mientras dos mujeres extraordinarias salvaban una vida, había sentido que su propio trabajo importaba.

Estaba maravillado por esas dos mujeres.

- Te acompaño a buscar las toallas -le dijo Esteban a Sofía, recogiendo su saco arruinado del suelo.

Caminaron juntos por el pasillo central del establo, dejando a Lucía y Ramón con la nueva familia equina.

La brisa nocturna los recibió al salir. Las luces de la carpa brillaban a lo lejos, pero a Esteban le parecieron un mundo artificial y aburrido.

La confesión quedó suspendida en el aire frío de la noche, clara y directa. Sofía, por primera vez en su vida, no sabía qué contestar. Ella, que siempre tenía una respuesta mordaz para los hombres arrogantes que intentaban cortejarla por su apellido, se encontró desarmada ante la honestidad brutal del hombre que tenía las manos manchadas de barro y el corazón en la mano.

Esteban dio el último paso que faltaba, eliminando cualquier rastro de aire entre ambos.

- Esteban... yo... -susurró ella, pero las palabras se perdieron cuando él acunó su rostro con una delicadeza que la dejó sin aliento.

Él no esperó una respuesta lógica. Inclinó la cabeza y la besó.

Fue un beso que empezó con la timidez de quien pide permiso, pero que rápidamente se transformó en algo más profundo. Sofía sintió una descarga eléctrica que le recorrió la columna vertebral. Sus manos, que aún sostenían el trapo sucio, se quedaron petrificadas un segundo antes de soltarlo y subir instintivamente a los hombros de Esteban, aferrándose a su camisa húmeda.

De repente, el miedo la golpeó con fuerza. Sofía se separó bruscamente, jadeando, con los labios entreabiertos y el pulso desbocado.

- No... espera -dijo ella, dando un paso atrás, chocando contra el borde de piedra del abrevadero.

-¿Hice algo mal? Lo siento, yo pensaba que... - comenzó Esteban, con el pánico regresando a su voz al ver la reacción de ella.

- No es eso -lo interrumpió Sofía, Ilevándose una mano al pecho, tratando de calmar el galope de su corazón- Es que... me gustó. Ese es el problema, Esteban. Me gustó demasiado.

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