Capítulo 275
CAPÍTULO 191
Sofía de la Vega caminaba por el pasillo alfombrado de la compañía con una seguridad que contrastaba con su atuendo. A diferencia de las ejecutivas que desfilaban en trajes sastre y tacones de aguja, ella llevaba unos jeans oscuros, botas bajas de cuero marrón y una blusa de seda.
A pesar de su aversión crónica a la vida de oficina, esa tarde tenía un motivo de peso para estar allí.
Sofía y Esteban habían acordado una cita real después de la oficina.
Ella había insistido en ir por él. Era un gesto que ella consideraba práctico, pero que, en el fondo, también era una pequeña declaración de intenciones. Quería demostrarle que estaba dispuesta a entrar en su mundo.
Como accionista, las puertas se abrían a su paso sin necesidad de tarjetas de identificación.
Faltaba casi media hora antes de que finalice el horario oficial de oficina, así que Sofía decidió hacer tiempo de manera productiva.
Se acercó a la secretaria de su primo Thiago.
- Buenas tardes -saludó Sofía con una sonrisa cálida.
La secretaria levantó la vista y sus ojos se abrieron con sorpresa. Las visitas de la "heredera salvaje" eran raras.
- Señorita de la Vega. Buenas tardes. Qué sorpresa tenerla por aquí. ¿Desea que anuncie su llegada? El señor Mateo está en su...
- No, no es necesario, gracias -la interrumpió Sofía suavemente- Vine a ver a mi primo Thiago.
¿Está disponible?
Mónica revisó rápidamente la agenda digital en su pantalla.
-El director está ocupado en una reunión a puertas cerradas. Y la codirectora Karla también está en línea desde su despacho.
Sofía asintió, ocultando su decepción. A pesar de los desplantes y la tensión de los últimos días, una parte de ella todavía sentía la necesidad irracional de buscar la aprobación o al menos la atención de su primo mayor.
-- Entiendo. No lo interrumpas. Le dejaré un mensaje más tarde.
Sofía se alejó del mostrador y se apoyó contra uno de los pilares de mármol del pasillo principal, cruzando los brazos y observando el flujo de empleados.
No pasó mucho tiempo hasta que apareció Esteban.
- Sofía -exhaló Esteban, parpadeando detrás de sus gafas, como si necesitara confirmar que era real- No esperaba verte aquí.
Sofía se despegó de la columna y caminó hacia él, con una sonrisa divertida iluminando su rostro.
- ¿Cómo que no, Esteban? -preguntó ella, enarcando una ceja con tono juguetónAcordamos por mensaje que pasaría por ti. Soy una mujer de palabra.
Esteban tragó saliva, sintiendo que el rubor habitual le subía por el cuello.
- Lo sé, lo sé -se apresuró a aclarar él, bajando la voz- Solo que... no esperaba encontrarte dentro de la empresa. Pensé que me esperarías afuera. O en la cafetería de la planta baja. Este piso es el de la alta dirección.
Sofía soltó una carcajada limpia y sonora que resonó en el pasillo silencioso, atrayendo aún más miradas.
- Soy una de las dueñas de este lugar, Esteban.
Lo recuerdas, ¿verdad? -dijo ella, con un tono ligero pero que marcaba una realidad innegable - La sonrisa de Esteban vaciló por una fracción de segundo. El recordatorio de la abismal diferencia de estatus entre la heredera multimillonaria y el practicante recién contratado golpeó su inseguridad como un balde de agua fría. A pesar de la magia de los establos y el beso compartido, el entorno corporativo le recordaba dolorosamente cuál era su lugar en el organigrama.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.