Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 278

Capítulo 278

CAPÍTULO 194

Como no logró ubicar a Samanta por ningún medio racional, Mateo tomó la única decisión que le quedaba. Esa noche, impulsado por una mezcla de angustia y una necesidad imperiosa de respuestas, volvió a ir al Club Velvet.

El ambiente del club era el de siempre: asfixiante, oscuro, saturado de humo dulce y conversaciones clandestinas. Mateo cruzó la entrada ignorando los saludos obsequiosos de los porteros. Llevaba un traje oscuro, sin corbata, y su rostro estaba tenso como una cuerda de violín a punto de reventar.

Se sentó en su misma mesa de siempre. La mesa cinco. Pidió un café negro y esperó.

El reloj avanzó con una lentitud torturosa. Las once de la noche llegaron y el telón de terciopelo carmesí se abrió.

El corazón de Mateo dio un vuelco doloroso. Esta vez, a diferencia de la noche del domingo, Samanta sí apareció.

Pero algo andaba mal. Desde el momento en que la luz blanca la iluminó, Mateo sintió un escalofrío.

Ella vestía la túnica de gasa habitual, pero sus movimientos eran rígidos, mecánicos.

Y lo peor de todo: sintió que nunca lo miró.

En los meses anteriores, incluso cuando lo rechazaba, Samanta siempre le dedicaba una fracción de segundo, una mirada fugaz hacia la mesa cinco. Esta noche, sus ojos oscuros estaban vacíos, fijos en un punto ciego por encima de las cabezas del público, evitando activamente su rincón en penumbras.

Se la veía distinta.

Terminó de bailar mucho más rápido que otras veces. No hubo reverencia prolongada. Apenas sonó el último acorde, Samanta se dio media vuelta y desapareció tras el telón lateral como si la estuvieran persiguiendo.

Mateo no lo pensó. Dejó un billete sobre la mesa y se levantó de un salto. La paciencia y la diplomacia se habían agotado.

Corrió tras ella hacia la zona restringida de los camerinos, esquivando a un par de camareros.

Entró en el pasillo mal iluminado.

Vio la puerta con la estrella dorada al fondo y aceleró el paso.

Pero su representante lo atajó en la puerta.

Héctor se interpuso en el camino, bloqueando el acceso al camerino con los brazos cruzados y una actitud desafiante. El olor a tabaco barato y colonia rancia golpeó a Mateo.

-¿Qué haces, muchacho? -preguntó Héctor, arrastrando las palabras con una calma exasperante-¿A dónde crees que vas con tanta prisa?

Mateo se detuvo a un metro de distancia, apretando los puños. Su instinto le gritaba que apartara a ese hombre a golpes, pero intentó mantener la compostura.

- Quiero hablar con Samanta -exigió Mateo, con una voz profunda que resonó en el pasillo-Hazte a un lado.

Héctor no se movió un milímetro. En cambio, soltó una carcajada seca, ladeando la cabeza.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.