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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 279

Capítulo 279

CAPÍTULO 195

Mateo sintió que el mundo se detenía.

Levantó la mano lentamente, temblando de rabia, y apartó un poco más la tela de la bata de Samanta para ver la magnitud del daño.

- Los moretones... -susurró Mateo, su voz quebrándose- Dios mío, Samanta.

Ella intentó cubrirse rápidamente, dando un paso atrás con pánico.

- No es nada. Me caí ensayando.

- No me mientas -gruñó Mateo, y la rabia que había estado conteniendo explotó en una furia ciega, primigenia- ¡Esa es la marca de una mano!

Es ese hombre, ¿verdad? Es él quien te hizo esto.

Es este hombre el que está abusando de ti.

La confirmación silenciosa en los ojos ilenos de lágrimas de Samanta fue todo lo que Mateo necesitó.

Sin decir una palabra más, Mateo dio media vuelta y salió del camerino hecho una furia, pateando la puerta.

- ¡Mateo, no! -gritó Samanta, corriendo tras él.

Intentó detenerlo, agarrando su manga- ¡Por favor, déjalo! ¡Te va a lastimar! ¡No sabes quién es!

Pero Mateo era imparable. No escuchó sus súplicas. No sentía nada más que la necesidad de destruir al hombre que había lastimado a la mujer que amaba.

Salió al pasillo.

Héctor estaba apoyado contra la pared, contando los billetes que Mateo le había tirado minutos antes. Al ver a Mateo salir como un toro embravecido, la sonrisa cínica se le borró de la cara.

Mateo no hizo preguntas. No discutió. Acortó la distancia en dos zancadas y, con un movimiento rápido y brutal, agarró a Héctor del cuello de la camisa y de la solapa del saco, estampándolo contra la pared de ladrillo con tanta fuerza que a Héctor se le cayó el dinero al suelo y soltó un quejido de dolor.

- ¡Te voy a matar, pedazo de basura! -rugió Mateo, apretando el agarre, levantándolo ligeramente del suelo- ¡Le pusiste una mano encima! ¡¿Cómo te atreves?! ¡Exijo explicaciones, ahora mismo!

Héctor, aunque sorprendido por la fuerza del niño rico, era un perro callejero viejo que había sobrevivido aa peores palizas. Con un movimiento sucio y rápido, le clavó la rodilla en el muslo a Mateo y giró el cuerpo, logrando zafar de su agarre lo suficiente para respirar, aunque Mateo lo volvió a sujetar por la solapa.

Héctor lo miró con odio, escupiendo las palabras en su cara.

- ¡Yo no te debo absolutamente nada a ti, niñato arrogante! -siseó Héctor, con los ojos inyectados en sangre- Yo no tengo que darte explicaciones de nada. Ella es mía. ¿Crees que con tus billetes me vas a decir cómo manejar mis negocios?

¡Lárgate a tu mansión antes de que te arruine la cara!

Samanta Ilegó corriendo, interponiéndose entre los dos, empujando el pecho de Mateo con ambas manos, llorando de desesperación.

-¡Mateo, suéltalo! ¡Vete! -le suplicó ella-Por favor, te lo ruego. Te estás metiendo en problemas que no puedes ganar. Vete y no vuelvas.

Mateo la miró, herido por su petición, pero se negó aretroceder. Su mandíbula estaba tensa.

- No. No me voy a ir sin ti. No te voy a dejar aqui con este monstruo.

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