Capítulo 280
CAPÍTULO 196
Sofía no estaba enamorada de Esteban.
Era demasiado pronto para eso, y su cerebro, se negaba a saltar etapas. Sin embargo, no podía negar que el joven practicante del departamento legal había encendido una chispa diferente en ella.
Estaba entusiasmada. Esa era la palabra correcta.
Entusiasmada con la idea de salir, de tener una cita real que no incluyera establos, botas sucias.
Le gustaba la forma en que Esteban la miraba: no como a la heredera de un imperio, ni como a la amazona salvaje, sino simplemente como a Sofía.
Por eso Sofía había aceptado la invitación de Esteban.
Esteban la había llevado a un café pequeño cerca de la oficina. Era el lugar que él conocía muy bien.
Se sentaron en una mesa junto a la ventana que daba a la calle, donde el ir y venir de la gente común proporcionaba un telón de fondo relajante.
- Tenías razón -dijo Sofía, apoyando los codos sobre la madera y sonriendo-. Este lugar es ideal.
El olor a café es delicioso.
Esteban se relajó visiblemente. Le había preocupado que la sencillez del local no estuviera a la altura de sus expectativas, pero verla tan cómoda disipó sus miedos.
- Me alegra que te guste. Vengo aquí casi todos los días, en mi hora de almuerzo. La comida también es muy buena.
Sofía se sentía ligera.
Cuando terminaron de pedir sus cafés y un par de medialunas, la burbuja de intimidad que habían empezado a construir sufrió un pinchazo brutal.
La casualidad, hizo que las campanillas de la puerta de entrada tintinearan.
Sofía levantó la vista instintivamente y su sonrisa se congeló.
La figura alta, imponente y perfectamente vestida de su primo mayor cruzó el umbral del local.
Thiago de la Vega.
Sofía no lo podía creer. De todos los cafés de la inmensa ciudad, Thiago, había decidido entrar precisamente en ese.
- Entiendo -dijo Thiago finalmente, tras sostenerle la mirada a Sofía durante unos segundos que parecieron eternos- Es bueno saber que la nueva generación de la Vega interactúa con el personal de todos los niveles.
Promueve un buen ambiente laboral.
Sofía apretó la mandíbula. El comentario clasista y condescendiente era típico del lado más arrogante de Thiago.
Antes de que Sofía pudiera replicar, Thiago tomó la iniciativa. Se quitó el saco del traje con un movimiento fluido y señaló la silla vacía que estaba en el extremo de la pequeña mesa cuadrada.
-¿Me puedo sentar con ustedes? -preguntó, aunque su tono dejaba claro que no era una solicitud, sino una imposición- También quiero un café después de la oficina. Ha sido un día largo y me vendría bien un poco de... compañía.
Sofía abrió la boca para decirle que no, que estaban teniendo una conversación privada, pero Esteban se le adelantó.
El instinto de subordinado, el miedo a contrariar a su jefe directo, fue más fuerte que su deseo de estar a solas con la chica que le gustaba.
-Por supuesto, señor de la Vega. Siéntese -dijo Esteban, cediendo su territorio.
Sofía lo miró, frustrada por su falta de agallas, pero no podía culparlo. Esteban no estaba criado para pelear con leones.
Thiago se sentó con una sonrisa triunfal apenas perceptible. Pidió un espresso doble al camarero que se acercó apresuradamente.

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