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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 281

Capítulo 281

CAPÍTULO 197

Lo que siguió fue, probablemente, la media hora más incómoda en la vida de Esteban.

Sabía, con absoluta certeza, que esto ya había dejado de ser una cita.

Todos los diálogos entre los tres eran tensos, forzados, llenos de pausas largas y silencios cargados de significado. Thiago dirigía la conversación con maestría, haciendo preguntas sobre el trabajo de Esteban en el departamento legal, recordándole sutilmente su posición subalterna, y luego desviando la atención hacia Sofía, preguntándole por los caballos y por la finca con un interés que parecía más un interrogatorio que una charla de primos.

Esteban pensó que la relación de estos primos era rara. Muy rara. No se trataban con la camaradería desganada de la familia, sino con la intensidad de dos personas que están constantemente midiendo fuerzas, buscando el punto débil del otro. La forma en que Thiago la miraba cuando ella hablaba, la forma en que Sofía se cerraba en banda ante sus preguntas... no parecía solo protección familiar. Había un voltaje diferente.

Al final, los cafés se vaciaron. Las medialunas quedaron a medio comer, sin sabor ante la tensión.

Esteban, agotado por el esfuerzo mental de no decir una estupidez frente a su jefe y sintiendo que su presencia sobraba en esa dinámica que no comprendía, decidió que era hora de retirarse con la poca dignidad que le quedaba.

- Bueno -dijo Esteban, poniéndose de pie y ajustándose el saco- Ha sido un placer compartir el café, señor de la Vega. Sofía... -La miró con una disculpa sincera en los ojos- Gracias por venir.

Debo irme. Tengo que revisar trabajo para mañana temprano.

- El deber llama -asintió Thiago, sin levantarseNos vemos en la oficina a las ocho, Esteban.

- Hasta mañana -se despidió Sofía, con un tono más suave, intentando reconfortarlo- Cuídate. Te escribo luego.

Esteban asintió y salió de la cafetería casi Cuando la campanilla de la puerta anunció su salida, Sofía se giró hacia Thiago, sus ojos verdes echando chispas.

- ¿Estás contento? -le espetó en voz baja, inclinándose sobre la mesa- ¿Disfrutaste arruinando mi tarde y humillándolo? Eres un pesado, Thiago.

- Yo no lo humillé. Solo me tomé un café -se defendió él, bebiendo el último sorbo de su espresso- Si se siente intimidado por mi presencia, entonces no está hecho para estar cerca de ti, Sofía. Necesitas a alguien con más temple, no a un oficinista asustado.

- No necesito que tú apruebes mis citas. Ni necesito tus filtros de seguridad.

Thiago la miró en silencio durante un momento, ignorando su enojo. Sabía que se había excedido, pero no se arrepentía. Veria sola con ese chico le había revuelto el estómago.

- Cambiemos de tema -dijo Thiago, intentando desviar la tormenta- Benicio me mandó un mensaje. Va a cenar cerca de aquí, en un restaurante nuevo que quería probar. ¿Quieres cenar con Benicio y conmigo?

Sofía iba a decir que no. Estaba a punto de rechazar la oferta, de levantarse, dejarle dinero para su café y conducir su Jeep de vuelta a la paz de la finca. Quería castigarlo por su intrusión.

Pero miró a Thiago. A pesar de todo, Thiago era su familia. Y, en el fondo, había algo en la dinámica con sus primos que le resultaba familiar y seguro.

Le gustaba compartir tiempo con sus primos, aunquea veces la volvieran loca.

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