Capítulo 282
CAPÍTULO 198
Llegaron al callejón detrás del Club Velvet cerca de la medianoche.
El lugar estaba desierto. No había luces, no había guardias. Solo el zumbido sordo de los extractores de aire del edificio y la oscuridad que se tragaba cualquier rastro de vida.
- ¡Mateo! -gritó Sofía, corriendo hacia los contenedores de basura, su voz rompiéndose en la quietud del callejón.
Lo encontraron casi de inmediato.
Mateo estaba tirado en el suelo húmedo, encogido sobre sí mismo entre dos grandes contenedores metálicos. Estaba solo, casi inconsciente, respirando con dificultad. Su traje, habitualmente impecable, estaba desgarrado y cubierto de lodo y lo que parecía ser sangre oscura. Su rostro estaba girado hacia el asfalto, ocultando la magnitud del daño.
- ¡Dios mío! -exclamó Sofía, arrodillándose a su lado sin importarle mancharse de barro- ¡Mateo!
¡Mateo, mírame!
Thiago llegó junto a ella en un segundo. Se agachó, revisando el perímetro con la mirada rápida de un animal acorralado, buscandoa los atacantes.
- ¿Llamaste a la policía, Sofía? -preguntó Thiago con voz tensa, sacando su propio teléfono.
Al escuchar la palabra "policía", Mateo hizo un esfuerzo. Levantó una mano temblorosa, agarrando la manga del saco de Thiago.
- No... -gruñó Mateo, y su voz sonó ronca, como si hubiera tragado cristal molido- No llamen a nadie. Ni a la policía, ni a una ambulancia. A nadie.
- Estás loco, te han dado una paliza -replicó Thiago, evaluando la respiración superficial de su primo.
- No -Mateo tosió, y una mueca de dolor le contrajo el rostro magullado- Sería un escándalo.
Mamá y papá... la prensa... no. Llévenme a mí departamento.
Sofía, con los ojos llenos de lágrimas, acarició el cabello de su hermano. Vio un corte profundo en su ceja y el labio inferior partido.
- Mateo, estás sangrando mucho. Podrías tener algo roto.
- Solo llévame a casa, Sofi -suplicó él, cerrando los ojos-Por favor.
Con un esfuerzo que le costó cada gramo de energía, Mateo le hizo una seña a su hermana para que buscara en su roра.
-Las llaves... -murmuró- En el bolsillo de mi pantalón. Mi coche está en el estacionamiento.
Sofía asintió apresuradamente, palpando el bolsillo húmedo del pantalón de su hermano hasta encontrar el llavero metálico de su deportivo.
Thiago, dándose cuenta de que discutir con un herido testarudo en medio de un callejón oscuro no era la mejor estrategia, tomó el mando de la situación.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.