Capítulo 283
CAPÍTULO 199
Mientras Benicio corría hacia el baño, Mateo, a pesar del dolor, miró a su hermana con curiosidad.
- ¿Cómo llegaron? -preguntó Mateo, con la voz pastosa- Yo no llamé a nadie.
Sofía tomó una toalla pequeña de la mesa de centro y comenzó a limpiarle la sangre de la ceja con extrema delicadeza.
- Estábamos cenando los tres juntos -explicó ella, con una media sonrisa triste- Casi ya habíamos terminado, y entonces... Me llamó Samanta.
Mateo se tensó al escuchar el nombre.
- ¿Samanta?
- Sí. Me envió un mensaje y luego me llamó.
Estaba aterrada, Mateo. Me rogó que viniera por ti.
Me dijo que te estaban golpeando en el callejón.
Así que nos levantamos de la mesa y volamos hacia allá. Menos mal que lo hicimos. Aquí estamos.
Mateo cerró los ojos. Samanta lo había salvado.
Ella no lo había dejado solo. Ese pensamiento le dio una chispa de esperanza en medio de la golpiza.
Benicio regresó con el botiquín y Thiago con una bolsa de hielo envuelta en un paño de cocina.
- Toma, ponte esto en el pómulo -le ordenó Thiago, pasándole el hielo a Sofía para que se lo aplicara a Mateo.
Sofía acomodó el hielo y miró a su alrededor, dándose cuenta de un detalle logístico.
- ¡Benicio! -gritó Sofía, sobresaltando a su primo menor.
-¿Qué?-preguntó Benicio, con los ojos muy abiertos.
- Ve a buscar mi coche. ¡Lo dejé estacionado en la calle cerca del restaurante, por favor! Vinimos todos en el de Thiago y en el de Mateo. Si lo dejo ahí toda la noche, me van a multar. Las llaves están en mi bolso.
Benicio suspiró, pero asintió obediente, tomando las llaves que ella le ofrecía.
- Está bien, está bien. Voy yo, el eterno chofer de esta familia.
- Le avisaré a mamá que me quedo a dormir con vos -dijo Sofía, volviéndose hacia Mateo, sacando su celular para enviar el mensaje de rigor y evitar que la maquinaria de búsqueda de Lucía у Alexander se activara en la finca.
Mateo levantó una mano, deteniéndola.
- No le digas nada de esto a Sofía. De los golpes.
A ninguno de los dos.
- No voy a decir nada -prometió ella con firmeza - Solo le avisaré de mi paradero, todavía vivo con ellos.
Thiago, que estaba apoyado contra la isla de la cocina observando la escena, soltó una risa seca y carente de humor.
- No lo vas a poder ocultar mucho tiempo, primo -dijo Thiago- En la oficina se darán cuenta en el momento en que cruces las puertas de VegaCorp.
Pareces haber sobrevivido a un accidente de tren.
Tienes juntas importantes esta semana. Mi padre y mi abuelo te harán preguntas.
- No iré por unos días -resolvió Mateo, haciendo una mueca de dolor al intentar acomodarsePediré licencia por enfermedad. O diré que estoy trabajando remoto.
- Esos morados estarán en tu cara semanas, querido primo -le recordó Thiago con crudeza- Y la coartada del trabajo remoto no funciona cuando tu eres el jefe. Tendrás que inventar algo mejor que "me caí por las escaleras".
Sofía fulminó a Thiago con la mirada.
- Pongámosle hielo ahora. Después nos preocupamos por los morados y por las juntas corporativas, ¿sí? No es el fin del mundo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.