Capítulo 286
CAPÍTULO 202
- Si no vas a la oficina hoy ni en toda la semana, se van a enterar tarde o temprano -advirtió Sofía, apoyando las manos en la isla de la cocina, mirándolo con seriedad- Y peor aún si te ven la cara.
Mateo asintió, consciente de que su hermana tenía toda la razón.
- Me quedaré encerrado aquí hasta que baje la hinchazón -resolvió Mateo, suspirando con frustración- Diré que tengo una gripe terrible.
Sofía soltó una carcajada sarcástica y negó con la cabeza, tomando su taza de café negro.
- No vas a poder esconderte para siempre, hermanito. Si quieres volver a la oficina antes del viernes, vas a tener que recurrir a medidas extremas.
-¿Qué medidas extremas? -Mateo frunció el ceño, sospechando de la sonrisa ladeada de su melliza.
- Vas a tener que maquillarte -declaró ella, con una naturalidad aplastante-. Tendrás que ponerte a ver tutoriales de contorno y corrección de color.
O eso, o te operas la cara para que no se den cuenta.
Mateo abrió los ojos, horrorizado ante la imagen mental de sí mismo aplicando base con una esponjita antes de entrar a la junta directiva.
- ¿Maquillarme? ¡Estás loca! Parecería un payaso.
Se notaría a kilómetros, Sofía.
- Bueno, si no quieres intentarlo, tendrás que inventar una excusa muy buena para explicar por qué te enfrentaste a la pared y perdiste. Lo de la gripe no sirve.
Necesitaba cambiar de tema rápidamente antes de que Sofía comenzara a buscar en su bolso algún tubo de base líquida.
- Hablando de la oficina y de gente metiche... - Mateo cambió de tema abruptamente, señalando a su hermana con el tenedor que aún sostenía el desayuno incomible-¿Qué hacías ayer con Thiago y Benicio?
Sofía se tensó, bajando la taza de café a la encimera.
- Mamá me dijo que ibas a la ciudad porque saldrías con alguien de la empresa -continuó Mateo, adoptando un tono falsamente inocente, pero con la agudeza analítica de un interrogadorUna cita, según sus propias palabras textuales. Y de repente, en la madrugada, apareces con nuestros adorables primos. Eso no suena a la cita romántica que mamá me describió con tanta ilusión.
Sofía sintió que el rubor le subía a las mejillas ante la mención del evento fallido con Esteban. Rodó los ojos, recordando la frustración ardiente de la tarde anterior, cuando la burbuja íntima de la cafetería había sido reventada por la llegada de su primo.
Mateo enarcó una ceja, conectando los puntos con la velocidad de un analista de datos frente a un balance irregular.
- Si el chico trabaja directamente para él en operaciones clave, debe saber algo que nosotros no sabemos. Tal vez no confía en él.
Sofía negó con la cabeza rotundamente, profundamente ofendida por la implicación y la facilidad con la que su hermano asumía lo peor del joven que la había ayudado en el parto de la yegua.
-No lo creo, Mateo. Estás paranoico. -le reprochó Sofía, elevando la voz- - Oye, tranquila, fiera -dijo Mateo, levantando las manos en señal de paz- Solo intentaba buscarle una lógica a la actitud de Thiago. No es normal que él haga esas cosas. Si quieres... -Mateo dudó un segundo, pero el instinto protector superó al dolor de sus costillas- Si quieres, y si te incomoda que Thiago siga presionándolo, yo puedo hablar con él en la oficina.
- No. Ni se te ocurra, Mateo -lo cortó ella de tajo, con una determinación feroz brillando en los ojos verdes- No necesito que tú vayas a rescatarme, ni que hables por mí. De esto me encargo yo sola.
Sofía se ajustó la chaqueta y miró a su hermano con fiereza.
- Me va a escuchar Thiago -añadió ella, apretando los puños dentro de los bolsillos- La próxima vez que lo vea. Y aes tarde Mateo.
- Buena suerte con eso -se rió Mateo, tosiendo levemente por el esfuerzo- Saluda a mamá de mi parte y, por favor, dile que el resfriado me tiene en cama.
- No le diré nada, no se mentir. Espero que el morado se te baje pronto. Ponte hielo, no dejes que se te haga un coágulo. Y busca los tutoriales de maquillaje que te dije.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.