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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 290

Capítulo 290

CAPÍTULO 206

Karla aparcó en el área de invitados del estacionamiento subterráneo. Thiago ya la estaba esperando junto a los ascensores privados.

El ascensor los elevó en silencio hasta el ático.

Cuando las puertas se abrieron directamente en el vestíbulo del apartamento, Thiago tocó el timbre integrado en el panel de control, anunciando su presencia.

Unos segundos después, se escucharon pasos arrastrados. La puerta principal de madera de ébano se abrió lentamente.

Mateo apareció en el umbral.

Si la intención de Thiago había sido preparar a Karla para el impacto visual, la advertencia en la oficina se había quedado corta.

Tenía el ojo izquierdo rodeado por un hematoma que había evolucionado a un tono amarillento y verdoso, el pómulo inflamado desfiguraba la simetría de su rostro, y un parche blanco cubría un corte en la ceja.

Pero la sorpresa no fue solo para Karla; fue mutua.

Mateo, que esperaba a su primo con los contratos en una mano y una bolsa de hielo a medio derretir en la otra, se quedó paralizado al verla de pie junto a Thiago.

El rubor de la humillación compitió con el color de sus moretones. Mateo iba vestido únicamente con unos pantalones de chándal grises y una bata de toalla azul marino que llevaba desabrochada sobre el pecho desnudo.

- Thiago... -balbuceó Mateo, aferrando los bordes de la bata en un intento instintivo de cubrirse- Karla.

Mateo miró a su primo con ojos que prometían una venganza lenta y dolorosa. Ya pensaría más tarde cómo se cobraría esta traición.

- Perdón, estoy en bata -se excusó Mateo, sintiendo que la situación era surrealista- No los esperaba... juntos. Pensé que solo iba a venir mi primo.

Thiago, manteniendo la fachada intacta, dio un paso adelante y levantó el maletín.

- Somos un equipo -respondió Thiago con frialdad calculada, ignorando la mirada asesina de su primo- Karla necesita revisar la cláusula de indemnización antes de que estampes tu firma. Y como la montaña no va a Mahoma...

Karla, que había estado observando el rostro desfigurado de Mateo con una fascinación casi clínica, finalmente rompió su silencio. El asombro inicial dio paso a una franqueza que rozaba la impertinencia.

- Con razón no te dignas a pisar la oficina en estos dos días, Mateo-comentó Karla, cruzándose de brazos, sin el menor rastro de compasión o tacto diplomático en su voz-Te entiendo perfectamente. Yo tampoco lo haría.

Entró al vestíbulo sin esperar invitación, escaneando el lujoso apartamento de reojo antes de volver a clavar su mirada oscura en el herido.

-¿Qué te sucedió realmente? -preguntó ella, con una curiosidad mórbida- Te miras fatal.

Mateo tragó saliva, sintiendo el calor de la indignación subirle por el cuello. Se ajustó el cinturón de la bata, intentando recuperar un mínimo de dignidad frente a la intrusa.

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