Capítulo 291
CAPÍTULO 207
Trabajaron en silencio durante casi una hora.
Cuando finalmente el último folio fue rubricado.
Karla fue la primera en decirlo en voz alta, rompiendo el silencio espeso con la misma elegancia con la que cerraba su tableta inteligente.
- Creo que con esta firma ya terminamos aquí, Mateo. Todo el paquete internacional está asegurado para la junta del miércoles.
Se puso de pie, alisándose la falda de su traje.
- Podría retirarme si no necesitan nada más.
- Sí, ya finalizamos, Karla. Gracias por tu tiempo.
Thiago comenzó a ordenar las carpetas para guardarlas en su maletín. El deber estaba cumplido.
- Bien -dijo Thiago, con un tono de alivio que no logró disimular del todo- Me llevaré las copias certificadas. Y tú, descansa.
- Antes de que te vayas -interrumpió Mateo, su voz repentinamente más fuerte, desprovista del cansancio anterior- Solo una última pregunta.
Karla, que ya estaba a medio camino del vestíbulo, se detuvo y se giró lentamente.
Thiago levantó la vista del maletín, frunciendo el ceño ligeramente.
- Dime. ¿Qué olvidamos?
-¿Qué tenías que hacer tú en la cita de mi hermana ayer por la tarde?
La pregunta cayó sobre el comedor como una losa de granito.
Thiago se quedó petrificado, no esperaba ese ataque, mucho menos frente a Karla.
- ¿De qué estás hablando? -intentó evadir Thiago, adoptando su tono más defensivo.
- Sabes perfectamente de qué hablo -insistió Mateo, disfrutando un poco de tener el control de la conversación por primera vez en la nocheSofía me lo contó. Me dijo que estaba en una cafetería tomando algo con el practicante de tu departamento, y que de repente apareciste tú. Te sentaste en su mesa y te dedicaste a interrogar al pobre muchacho.
Karla entrecerró los ojos. La información le resultó familiar. Recordó la escena en la plaza ejecutiva, la discusión, el Jeep y la furia incontrolable de Thiago.
- ¿Por qué llegaste ahí, Thiago? -prosiguió Mateo, implacable, sabiendo exactamente qué botones apretar-¿Acaso te dedicas a supervisar el tiempo libre de tus practicantes? ¿O estabas haciendo de perro guardián de mi hermana?
Escuchar eso molestó profundamente a Karla.
Había estado perdiendo el tiempo intentando descifrar a un hombre cuya atención estaba claramente en otra parte.
Sin decir una palabra, Karla dio un paso decisivo hacia la puerta de salida.
Mejor se despidió antes de perder la compostura que tanto le había costado mantener.
- Hablen tranquilos de sus asuntos familiares - dijo Karla, con una voz tan afilada que casi cortaba el aire- Yo me voy.
Mateo la miró, comprendiendo el daño colateral de su dardo.
El comentario fue un golpe bajo, y Thiago sintió que la irritación subía por su garganta.
- No es un drama, Karla. Sofía es mi prima.
- Ah, ¿si? -Karla se cruzó de brazos, apoyándose contra la pared de espejo del ascensor, acorralándolo con su mirada analítica- Entonces explícamelo. Porque tu comportamiento no cuadra con el de un primo preocupado.
Salieron juntos al garaje subterráneo cuando las puertas se abrieron.
Karla se detuvo frentea su sedán alemán, sacó las llaves de su bolso y, antes de abrir la puerta, se giró hacia Thiago por última vez.
- Dime, Thiago -exigió Karla, con una voz que había perdido toda su diplomacia corporativa y demandaba una respuesta honesta-¿Qué sucede entre tu prima y tú? Y no me vengas con excusas de protección familiar, porque no soy idiota. Yo vi cómo la mirabas en el aeropuerto. Vi cómo la seguías con los ojos en la junta. Y ahora me entero de que persigues a los chicos con los que sale a tomar un estúpido café.
Thiago se quedó paralizado. Abrió la boca para responder, para decirle que estaba loca, que Sofía era solo una chiquilla terca que necesitaba ser guiada, que no había nada más que lealtad de sangre.
Pero las palabras se le atascaron en la garganta.
La imagen de Sofía sonriéndole al practicante en el pasillo, la frustración ardiente que había sentido en su pecho...
Thiago no pudo responder nada. El silencio fue su única y devastadora respuesta.
Karla lo miró un segundo más. La decepción y la comprensión se mezclaron en sus ojos oscuros. La confirmación muda era todo lo que necesitaba saber.
El sonido del cierre centralizado de su coche fue como un chasquido final.
Karla abrió la puerta y subió ágilmente. Arrancó el motor con un rugido potente y, sin molestarse en despedirse, metió la marcha atrás y salió disparada hacia la rampa de salida, dejando a Thiago solo en el frío concreto.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.