Capítulo 293
CAPÍTULO 209
-¡Chicas, posiciones! -gritó el director, Claude, salvando a Benicio de tener que responder a las insidiosas preguntas de las modelos sobre la vida amorosa de sus primos-¡Rodamos en tres, dos, uno! ¡Acción!
Benicio intentó mostrar su mejor cara durante el rodaje.
Pero la magia se había roto irremediablemente.
Su actuación, habitualmente natural, fluida y carismática, se volvió rígida, mecánica. Cada vez que una de las modelos le tocaba el brazo o le sonreía deslumbrante para la cámara, él sabía, que en la mente de ella, el rostro que estaban mirando no era el suyo; estaban proyectando sobre él los rostros de Thiago o de Mateo.
El director notó la falta de energía casi de inmediato. Su ojo entrenado no perdonaba la falsedad emocional.
-¡Corte! - El hombre se acercó a la barandilla de la proa - Benicio, querido. Te estás apagando. La toma anterior parecías un muñeco de cera antiguo. Necesito pasión, necesito fuego.
Necesito que me vendas el éxito arrollador de VegaCorp. ¡Tú eres la cara del futuro, muchacho!
¡Eres el poder en movimiento!
- Estoy intentándolo -murmuró Benicio, sintiéndose repentinamente sofocado.
- Inténtalo más fuerte, por favor. Tienes a tres mujeres hermosas adorándote, un mar espectacular y un traje que cuesta más que mi coche. ¡Créetelo! ¡Cómete el mundo!
<<Ese es el problema», pensó Benicio amargamente, bajando la mirada hacia la cubierta de teca pulida. «Que no me lo creo. Ni ellas tampoco».
Las siguientes dos horas fueron una agonía al sol.
Benicio no lograba conectar con la cámara.
Se equivocó en sus líneas dos veces. En la tercera toma, derramó el ginger ale sobre el vestido de alta costura de la pelirroja. Y, en un momento de frustración pura y atípica en él, le respondió de mala manera a una joven maquilladora que intentaba retocarle el brillo de la frente con polvos traslúcidos.
- ¡Corten! -gritó el director, pasándose ambas manos por la cara, exasperado- Es suficiente por hoy. Perdemos la luz y la paciencia.
El equipo técnico se relajó de inmediato, comenzando aguardar cables y apagar focos.
Benicio se acercó al director, sintiéndose culpable y despojado de su habitual escudo de arrogancia simpática.
- Lo siento. Hoy no... no ha sido mi día.
El director lo miró con una mezcla de comprensión humana y exasperación estrictamente profesional.
- Está bien, Benicio. Eres un ejecutivo. No eres un actor. Pero tenemos un problema grave de postproducción. El material que grabamos hoy en el yate es inutilizable para el corte final. Estás tenso, te ves incómodo.
-¿Y cómo vas a lograr en horas lo que no pudiste hacerlo en dos días?
Benicio apretó la mandíbula. Había tomado una decisión.
- Porque no voy a estar solo. -sentenció Benicio - Volveremos los tres. Thiago, Mateo y yo. La nueva generación completa frente a tus cámaras.
El director abrió los ojos, sorprendido por la repentina intensidad del joven y por la audacia de la promesa. Sabía lo difícil que era coordinar las agendas de los tres directores globales. Si Benicio lo lograba, el anuncio sería un éxito sin precedentes.
- De acuerdo -concedió el director, asintiendo lentamente- El lunes a primera hora. Pero si fallas, Benicio, los actores entran a las diez de la manana.
- No fallaré.
Benicio se dio la vuelta y bajó por la pasarela del yate, ignorando por completo a las modelos que le decían adiós con la mano desde la cubierta.
Abrió la puerta de su auto, se dejó caer en el asiento de cuero y cerró con un portazo que resonó en el silencio del muelle.
Las mujeres del yate tenían razón en algo que él se había negado a ver. Él era diferente a sus primos.
Él era el relajado, el conciliador, el que organizaba las fiestas y no se tomaba nada en serio.
Era hora de cambiar.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.