Capítulo 294
CAPÍTULO 210
Benicio aparcó su vehículo deportivo cerca de los establos principales, ignorando deliberadamente la casa grande.
Sofía ya lo estaba esperando.
Estaba sentada en un fardo de heno frente al box de Eclipse, limpiando una silla de montar con un trapo y aceite de linaza. Llevaba sus habituales pantalones de montar desgastados y una camiseta de algodón blanco manchada de polvo.
Al escuchar sus pasos lentos y arrastrados, levantó la vista.
Llegas tarde para la limpieza de los boxes - saludó ella, con una sonrisa suave, notando de inmediato la postura encorvada de su primo y la forma en que se había aflojado la corbata, dejándola colgar como una soga floja.
Benicio se dejó caer en otro fardo de heno frente a ella.
- Ha sido un día muy malo, Sofi-confesó él, con voz ronca, mirando el suelo de madera cubierto de paja- El peor día de mi vida profesional. O actoral.
Ya ni sé qué soy.
Sofía dejó el trapo a un lado y lo miró con atención.
- ¿Qué pasó en el rodaje? Pensé que te encantaba la idea de ser la cara visible de la compañía.
Benicio soltó una risa amarga, carente de cualquier atisbo de humor.
- Yo también lo pensé. Creí que sería mi momento. Pero resulta que, en esta empresa, yo soy el extra de relleno. -Levantó la vista y sus ojos oscuros, habitualmente llenos de chispas traviesas, estaban apagados- Soy el de la Vega que nadie quiere, Sofía.
- No digas tonterías, Benicio -le reprendió ella de inmediato, frunciendo el ceño- Manejas una de las divisiones más importantes de la empresa.
Todo el mundo te adora en las oficinas.
- Me adoran porque soy simpático y no les grito como hace Thiago -replicó él, apoyando los codos en las rodillas- Hoy, en el set de filmación, rodeado de modelos y gente de relaciones públicas... ¿sabes de qué querían hablar? De Thiago. Y de Mateo. Querían saber si el estaba soltero y si el seguía yendo a clubes nocturnos.
Benicio negó con la cabeza, reviviendo la humillación sutil del yate.
- Yo estaba ahí, vestido con ropa carísima, sosteniendo una copa de champán de utilería, siendo el protagonista de la maldita campaña... y para ellas era invisible. Nadie me preguntó por mis proyectos. Solo me usaron de puente.
Sofía sintió una punzada de compasión profunda por él. Entendía perfectamente lo que era sentirse invisible en una familia de titanes.
- Benicio, esa gente es superficial. Solo les importa el morbo y los titulares de las revistas. No te definen.
- El problema es que el director del comercial también lo notó -confesó Benicio, bajando la voz - Me dijo que parecía un muñeco de cera. Dijo que no transmitia "liderazgo". Y amenazó con contratar a tres actores para que nos interpreten a los tres en el anuncio final. Porque aparentemente, ni siquiera sirvo para hacer de mí mismo frente a una cámara.
- No le hagas caso a un hombre que no nos conocе.
- Pero tiene razón, Sofi. No soy como ellos. No tengo el instinto asesino de Thiago, ni la brillantez estratégica de Mateo. Solo sé hacer chistes y caer bien. Y eso no alcanza para sostener el apellido.
- Alcanza y sobra -le aseguró ella, pasándole un brazo por los hombros- Tú mantienes las cosas funcionando porque sabes cómo tratar a la gente.
Eres la persona favorita de todos, y lo sabes.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.