Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 298

Capítulo 298

CAPÍTULO 214

La pantalla se iluminó con un nuevo mensaje.

Sofía: [¿Dónde estás? Papá dice que viajaste. Sé que es mentira. Contesta, idiota.] Mateo miró el mensaje, sintiendo una punzada de culpa fraterna, pero decidió ignorarlo. Bloqueó la pantalla y dejó el aparato boca abajo sobre la mesita de noche. Sabía que Sofía no dejaría de insistir, y sabía que Alexander, ya estaría buscando respuestas en los registros de VegaCorp. Pero en ese momento preciso, Mateo no tenía la energía para enfrentar interrogatorios familiares.

Tres días antes Cerró los ojos, intentando que el frío del hielo adormeciera el latido sordo en su cabeza.

Fue entonces cuando el timbre del ático sonó.

No era el timbre del ascensor de servicio ni el de visitas habituales, era el tono discreto que anunciaba a alguien en la puerta principal.

Mateo se tensó de inmediato. ¿Había vuelto Thiago para darle otro sermón sobre la responsabilidad corporativa? ¿Era su padre, Alexander, exigiendo una explicación en persona?

Con un gemido ahogado por el dolor en las costillas, se puso de pie, ajustó el cinturón de su bata y caminó arrastrando un poco los pies hacia el recibidor.

Miró por la pantalla del intercomunicador y sintió que el aire abandonaba sus pulmones en un solo golpe.

No era Thiago. No era su padre.

Era ella.

Samanta estaba parada frentea su puerta, encogida sobre sí misma, con los brazos cruzados sobre un suéter oscuro y la mirada baja.

Mateo no dudó. Presionó el botón de apertura y la puerta se deslizó sin hacer ruido.

Cuando Samanta levantó la vista y lo vio, el color huyó de su rostro.

La imagen de Mateo, con el ojo amoratado, un corte en la ceja. Él había sido atacado por su culpa. Por intentar protegerla.

- Dios mío, Mateo... -susurró Samanta, llevándose una mano temblorosa a la boca, incapaz de cruzar la puerta-¿Qué te han hecho?

Yo... yo no sabía que...

- Pasa -interrumpió Mateo, con voz ronca pero sorprendentemente suave, haciéndose a un lado y extendiendo la mano sana hacia ella- Por favor, entra. No te quedes en el pasillo.

- Me siento tan culpable -confesó Samanta, y la voz se le quebró, las lágrimas amenazando con desbordarse- Todo esto es mi culpa. Héctor... los guardias... yo te advertí que te fueras. Te dije que no te metieras en mi mundo. Y mira cómo terminaste.

Mateo acortó la distancia entre ellos. A pesar del dolor físico, levantó las manos y las apoyó con extrema delicadeza sobre los hombros de ella, sintiendo la tensión acumulada bajo el suéter.

- Tranquilízate, Samanta -le pidió él, mirándola directamente a los ojos, transmitiendo una seguridad que contradecía su aspecto magullado - Mírame. Estoy aquí. Estoy de pie. Nada de esto es tu culpa. La decisión de enfrentarme a ese infeliz fue mía, y volvería a hacerlo cien veces si es necesario para asegurarme de que no te vuelva a poner una mano encima.

Samanta cerró los ojos por una fracción de segundo, intentando contener un sollozo.

- No entiendes, Mateo. Héctor es peligroso. Si él cree que tú eres una amenaza...

- Héctor es un matón de callejón que se esconde detrás de otros hombres-la cortó Mateo, con un desprecio que le nació de lo más profundo de su educación De la Vega- No le tengo miedo. Y no voya permitir que tú le tengas miedo tampoco.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.