Capítulo 341
CAPÍTULO 256
El murmullo festivo del salón principal se había trasladado gradualmente hacia las gradas que bordeaban la pista central de arena del Hipódromo Nacional. La exhibición benéfica organizada por la Fundación De la Vega estaba a punto de finalizar.
La primera ronda había sido un éxito de la mano de Sofía de la Vega.
En el palco reservado para la familia, Lucía y Alexander ocupaban los asientos centrales rodeados del resto de la familia.
Mateo, con Samanta a su lado, buscó su lugar en la segunda fila del palco.
Fue entonces cuando Mateo vio a Esteban, parado tímidamente en el pasillo lateral, dudando si entrar o no a la zona reservada. Sofía lo había dejado allí antes de ir a la pista.
Mateo no dudó. Levantó la mano y le hizo una seña enérgica.
-¡Esteban! -llamó Mateo, rompiendo el hielo jerárquico- Ven. Acércate aquí, con nosotros. Hay espacio de sobra.
Esteban parpadeó, sorprendido por la invitación directa de su jefe, especialmente después de la hostilidad que siempre recibía de Thiago y de él mismo. Tragó saliva y caminó con pasos vacilantes hacia la zona de los sofás de cuero del palco.
- Buenas tardes, señor de la Vega. No quisiera interrumpr...
- No interrumpes nada. Siéntate -le indicó Mateo, señalando una silla libre al lado de Samanta- Eres el invitado de Sofia. Eso te hace nuestro invitado.
Lucía, que estabaa pocos metros y había escuchado la interacción, se giró hacia el joven. Le dedicó una sonrisa cálida que desarmó por completo el nerviosismo del muchacho.
- Bienvenido, Esteban -dijo Lucía, y Alexander, a su lado, asintió con un saludo silencioso pero afable - Nos alegra que hayas podido venir a ver a Sofía. Está muy emocionada con esta presentación.
- Muchas gracias, señor, señora de la Vega -
respondió Esteban, sentándose con torpeza y ajustándose el saco-. Es un honor estar aquí.
Esteban, intentando encajar, se giró hacia la mujer que estaba sentada a la derecha de Mateo.
- Hola. Esteban -se presentó, extendiendo la mano.
Samanta, que había estado mirando sus propias manos en el regazo, levantó la vista. Forzó una sonrisa amable y aceptó el saludo.
- Samanta. Un placer.
La presentación transcurrió con normalidad, pero la atención de Samanta duró poco. Sus ojos volvieron a clavar en el suelo, y Mateo sintió que la tensión de su mano aumentaba en lugar de disminuir. Algo no iba bien.
El sonido de una tos fingida y arrogante a sus espaldas hizo que Mateo girara la cabeza.
El palco contiguo, separado solo por una baja barandilla de cristal, estaba ocupado por algunos de los inversores clave y abogados asociados a la empresa. Y allí, acomodándose en la silla justo detrás de Samanta, estaba el abogado del señor Zambrano.
Samanta sintió su presencia como un golpe físico.
Mateo notó el estremecimiento de Samanta. Su instinto protector se disparó instantáneamente.
El miedo en sus ojos oscuros era palpable. A pesar de estar rodeada de la familia de la Vega, el abogado representaba el mundo de Héctor, el mundo de la extorsión y el abuso del que ella intentaba desesperadamente escapar. Sentía que si se quedaba allí sentada, con ese hombre respirando en su nuca, le daría un ataque de pánico en medio del evento.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.