Capítulo 358
CAPÍTULO 272
Thiago no llamó a la puerta. No anunció su llegada.
Apoyó la mano en el pomo de la puerta de la oficina de Karla y empujó con todo su peso.
Karla estaba sentada con auriculares inalámbricos puestos y hablando en mandarín fluido frente a la cámara de su ordenador.
Estaba en medio de una videoconferencia con la filial asiática.
- Karla -espetó Thiago, con una voz que hizo temblar los cristales-¿qué sabes de Sofía?
Respóndeme con la verdad. Ahora mismo.
Karla se quitó rápidamente un auricular, tapando el micrófono de su computadora con la mano.
- Thiago, ¿no ves que estoy en una reunión importante? -siseó ella, intentando mantener la compostura frente a la cámara- Son directores importantes. No entiendo qué te sucede, pero sea lo que sea, tendrá que esperar. Déjame terminar este enlace. Es crucial para el cierre del mes.
Por respeto a los socios asiáticos que él mismo había ayudado a cultivar, y sabiendo que un escándalo televisado en directo no ayudaría a encontrar a su prima, tomó aire.
- Tienes tres minutos para finalizar esa reunióndictaminó Thiago, con un tono letal- Luego, me vas a escuchar.
Karla lo miró con odio, destapó el micrófono, se ajustó el auricular y, con una profesionalidad admirable dadas las circunstancias, retomó la conversación en mandarín, resumiendo los puntos finales del acuerdo y despidiéndose de los ejecutivos con una sonrisa forzada.
Cerró la tapa de la computadora con un chasquido seco. Se quitó los auriculares y los dejó sobre el escritorio. Cuando volvió a mirar a Thiago, la diplomacia se había evaporado.
- ¿Se puede saber qué demonios te pasa? -le habló con crudeza a Thiago, poniéndose de pie para igualar, al menos simbólicamente, su autoridadTe pedí que no me hablaras fuera de lo estrictamente necesario. Te pedí espacio. ¿Qué haces aquí en mi despacho, entrando sin tocar a las once de la noche, arruinando mi conferencia?
- Sofía desapareció -soltó Thiago, sin anestesia, clavando sus ojos oscuros en los de ella para captar cualquier microexpresión de culpа.
Karla se quedó paralizada por un segundo. El enojo en su rostro fue reemplazado momentáneamente por confusión genuina.
- ¿Y qué tengo que ver yo con eso, Thiago? -
preguntó ella, frunciendo el ceño- Ya te lo he dicho, y parece que no te entra en la cabeza: no me importa tu prima. Nunca he cruzado más que un saludo hostil y un par de saltos a caballo en un hipódromo con Sofía De la Vega como la estrella. Su vida, sus caballos o sus desapariciones dramáticas no son mi problema.
- Se fue en tu auto, Karla -escupió Thiago, acercándose hasta que las puntas de sus zapatos tocaron el escritorio de ella- Las cámaras de seguridad del estacionamiento subterráneo acaban de mostrar cómo Sofía subía al asiento del copiloto del sedán ejecutivo que la empresa te asignó. Y el coche salió de la torre cerca del mediodía.
La mención del nombre hizo que Karla dejara de respirar.
- Te vimos -continuó Thiago, bajando el tono a un susurro letal- Las cámaras del pasillo de esta misma planta te grabaron dejándolo entrar a esta oficina días atrás. El mismo hombre que buscamos.
Karla apretó los labios. Había sido descubierta.
Había subestimado la paranoia de seguridad de Alexander y el alcance del circuito cerrado. Se maldijo a sí misma por haber abierto esa puerta.
- Al parecer, ambos hemos mentido -señaló Karla con amargura.
- Tú me exigiste honestidad y te aliaste con nuestro enemigo. Y ahora, convenientemente, el coche que te asignó la empresa desaparece llevándose a mi prima, y tú alegas ignorancia. ¿Le diste una copia de las llaves, Karla? ¿Te ofreció dinero por ayudarlo a secuestrar a Sofía? - le soltó Thiago sin piedad Karla se enfureció ante la acusación.
- ¡Estás loco! -le gritó Karla, perdiendo finalmente la compostura y golpeando el escritorio - ¡Yo no me lío con estafadores de poca monta!
- Mira, Thiago, no tengo nada que ver con esa campesina y su drama adolescente. No le di mi coche a nadie. Y si ese hombre que tú dices tiene mi auto, es porque me lo robaron en mi propio estacionamiento corporativo, lo cual habla muy mal de tu sistema de seguridad.
La empujó suavemente hacia un lado para poder salir hacia el pasillo.
- Y si no me crees -le soltó ella, girándose una última vez antes de irse- si crees que soy capaz de secuestrar a un miembro de la familia, pues ve y denúnciame con la policía. Tráeme a tus investigadores. Pero te aseguro que estás perdiendo tiempo valioso interrogándome a mí.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.