Capítulo 359
CAPÍTULO 273
A la espera de noticias, Mateo estaba sentado en uno de los grandes sofás de cuero, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas, observando la frenética marcha de su madre. La impotencia lo devoraba. Alexander y Thiago estaban en la ciudad, en el centro de la acción, mientras él había sido relegado al papel de espectador pasivo por órdenes expresas de su padre.
No aguantó más el silencio.
- Madre... -empezó Mateo, levantando la vista-
¿Quieres que vaya a VegaCorp? Necesitan gente.Y Sofía es mi hermana.
Lucía se detuvo en seco y lo miró.
- No -respondió Lucía, con una voz que no admitía discusiones, aunque temblaba levementeNo quiero perder otro hijo esta noche.
- No me vas a perder, mamá. Sé cuidarme. No puedo quedarme aquí sentado mientras...
- ¡Ya escuchaste a tu padre! -lo cortó Lucía, alzando la voz más de lo habitual, antes de suavizarla al ver la frustración en el rostro de Mateo - Lo siento. Pero Alexander fue muy claro. Nos necesitan aquí, seguros, para que ellos no tengan que preocuparse por cubrir dos frentes.
Samanta, que había permanecido sentada en una silla apartada cerca del gran ventanal que daba al jardín, observaba la escena sintiéndose cada vez más pequeña. Veía la tensión y la desesperación entre ellos. Esa familia poderosa, rica e intocable, estaba siendo destrozada por el miedo, un miedo que ella conocía demasiado bien. Se sentía inútil.
Viendo que el ambiente se volvía cada vez más irrespirable, Samanta se levantó despacio y propuso la única cosa que sentía que podía hacer para aligerar la carga, aunque fuera mínimamente.
- ¿Les gustaría que vaya a buscar un té para todos?
-sugirió Samanta, con voz suave- Ayuda a calmar los nervios. Puedo prepararuna infusión de manzanilla o valeriana.
Lucía dejó de caminar por un momento y le dedicó una sonrisa débil y llena de gratitud.
- Sí, querida. Ve a buscarlo, por favor -agradeció Lucía, pasándose una mano por el cabello- Creo que nos hará bien a todos algo caliente.
Samanta asintió y salió del salón. Agradeció la excusa para salir de esa habitación cargada de angustia.
Mientras el agua comenzaba a calentarse con un suave borboteo. Pensaba en Mateo. En la calidez de su familia. En cómo la habían aceptado sin importar su pasado.
Bzzzt.
La vibración corta y seca de su teléfono móvil rompió la paz de la cocina, sobresaltándola tanto que casi tira la caja de té al suelo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.