Capítulo 361
CAPÍTULO 275
Lucía colgó el teléfono y miró a su hijo. Mateo estaba mirando el suelo, destruido. Perder a Samanta y a Sofía en la misma noche era un castigo que no merecía.
-Vamos a esperar a tu padre, Mateo -dijo Lucía con suavidad, sentándose a su lado- Él y Thiago vienen en camino. Lo resolveremos.
Mateo asintió mecánicamente. Luego, levantó la vista. Todo comenzó con la alerta de seguridad en la gala. Con ese hombre.
- Madre... -dijo Mateo, frunciendo el ceñoTengo curiosidad. Yo no estaba en la empresa hace veinte años. No conozco al hombre que estamos buscando.
- Es mejor que no lo conozcas, hijo -murmuró Lucía con amargura.
- Pero necesito saber a qué nos enfrentamos -
insistió él, su voz volviéndose firme- Si él es la causa de todo esto, de la desaparición de Sofía necesito ponerle una cara a la amenaza. ¿Tendrás una fotografía de él?
Lucía lo dudó por un segundo. Ella misma había intentado borrar el rostro de Fernando Castillo de su memoria. No había fotos de él en los salones de la casa, ni en los álbumes familiares oficiales.
- Sí -dijo Lucía, levantándose con decisiónTendría que tener una.
Caminó hacia la biblioteca. Buscó en los estantes inferiores, entre pesados álbumes encuadernados en cuero que olían a polvo y a pasado.
Lucía buscó y buscó entre carpetas viejas, pasando páginas llenas de rostros sonrientes y brindis falsos, hasta que halló una de la primera gala benéfica de la familia de la Vega a la que ella asistió oficialmente como esposa de Alexander.
Allí estaban, en una página doble. Lucía con su vestido rojo, Alexander imponente a su lado, y en segundo plano, intentando inútilmente robar cámara, estaban Fernando y Victoria Navarro.
Lucía tomó el álbum y regresó al salón principal. Lo abrió sobre la mesa de centro, frente a Mateo.
- Aquí tienes -dijo Lucía, señalando la fotografía impresa en papel brillante de alta calidad- Este es el hombre que estamos buscando.
Lucía le mostró la fotografía a su hijo y le señaló con el dedo quién era el hombre.
- Fernando Castillo -explicó ella, con asco en la voz- El ex Director Legal.
Mateo se inclinó sobre la mesa para ver la imagen con claridad.
Sus ojos oscuros recorrieron el rostro del hombre joven en la foto. El cabello engominado, la sonrisa cínica, la postura ligeramente encorvada como si estuviera a punto de pedir un favor o clavar un puñal.
- Mamá... -dijo Mateo, con la voz temblando tanto que apenas era un susurro roto- Sofía y yo conocemosa este hombre.
Lucía frunció el ceño, confundida.
- ¿Qué? Eso es imposible, Mateo. Él desapareció cuando ustedes eran unos niños. Nunca lo han visto.
- No, mamá. Sí lo hemos visto. Yo lo veía casi todas las noches. Y Sofía lo vio un par de veces -
Mateo tragó saliva, sintiendo que la realidad se convertía en una pesadilla de la que no podía despertar- Él no se hace llamar Fernando Castillo.
Se hace llamar Héctor.
Lucía se quedó paralizada. El nombre no le decía nada, pero el pánico en los ojos de su hijo le advertía que la tragedia era mucho más profunda de lo que imaginaba.
-¿Héctor? ¿Quién es Héctor?
Mateo señaló la foto del hombre sonriente con un dedo que temblaba incontrolablemente.
- Es el representante de Samanta, mamá -confesó Mateo, y las palabras le quemaron la lengua al salir- Y no solo eso... es el padre de Samanta. El hombre que la crió y que la obliga a trabajar en el Club Velvet.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.