Capítulo 370
CAPÍTULO 284
Habia varias columnas de hierro. Detrás de una de ellas se adivinaba una figura sentada en el suelo.
Mateo corrió hacia allí.
- ¡Samanta! -gritó, su voz rompiéndose.
Y allí estaba ella.
Samanta estaba sentada en el suelo frío. Junto a un policía que intentaba brindarle ayuda. Tenía los ojos cerrados y la cabeza gacha.
Al escuchar el grito de Mateo, levantó la vista. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y se llenaron de lágrimas al instante.
- ¡Mateo!
Él cayó de rodillas a su lado.
- Estoy aquí, mi amor. Ya estoy aquí. Estás a salvo.
Samanta se lanzó a los brazos de Mateo. Lo abrazó con una fuerza que desmentía su fragilidad, escondiendo el rostro en su pecho, sollozando sin control.
Mateo la rodeó con sus brazos, besando su cabello, sintiendo que el alma le volvía al cuerpo al tenerla entre sus brazos, viva y a salvo.
Sin embargo, detrás de ellos, el horror comenzaba a asentarse en el resto de la familia.
Habían revisado cada rincón del sótano oscuro.
Nada.
No había rastro de Sofía.
Ni rastro de Benicio.
Thiago se giró hacia Mateo y Samanta, su rostro pálido como el mármol.
- ¿Dónde están? -preguntó Thiago, y la desesperación en su voz hizo que a Mateo se le helara la sangre- Samanta... ¿dónde está Sofía?
Samanta, aún temblando en los brazos de Mateo, levantó la cabeza. Miró a Thiago y luego a Alexander, que la observaba con una intensidad aterradora.
El llanto de Samanta se intensificó, un llanto de culpa y desesperación absoluta.
- Fue mi culpa... -sollozó ella, aferrándose a la camisa de Mateo como si fuera su único salvavidas - Todo es mi culpa. Es Héctor.
-¿Qué hizo? -preguntó Alexander, arrodillándose junto a ellos, intentando mantener la voz calmada para no asustarla más.
- Se los llevó -dijo Samanta, y las palabras cayeron como piedras en el sótano- Se llevó a Sofía y a Benicio.
Thiago sintió que el mundo se detenía.
- ¿Cómo que se los llevó? ¿Por qué te dejó a ti aquí?
- Dijo... dijo que yo ya no le servía -explicó Samanta entre lágrimas, mirando a Mateo a los ojos, buscando su perdón-Dijo que el plan había cambiado. Que ahora tenía premios mayores. Que yo era solo un estorbo para su huida. Me dejó atada aquí para que Esteban cargara con la culpa inicial, y él se fue...
Samanta se aferró a Mateo, sollozando con más fuerza.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.