Capítulo 373
CAPÍTULO 287
Lucía caminaba de un lado a otro, con una taza de café frío en la mano y la mirada perdida. Su teléfono estaba sobre la mesa, mudo.
Ya no podía seguír esperando. La inacción la estaba devorando por dentro. Sus hijos estaban en peligro, y ella no iba a quedarse de brazos cruzados mientras los hombres de la familia perseguían almacenes y galpones vacíos.
Subió a su habitación, se quitó la ropa cómoda de estar en casa y se puso unos vaqueros oscuros, botas planas y una chaqueta de cuero negra. Se recogió el cabello en una coleta tensa.
Tomó las llaves de su viejo coche y esquivó la guardia de la puerta trasera.
Condujo en silencio, hacia el pasado.
Desde la noche de su fallida boda, no había regresado a ese barrio. Habían pasado muchos años, todo seguía igual.
Aparcó el coche a un par de cuadras de la iglesia, el lugar exacto donde su vida anterior había terminado.
Comenzó su propia investigación.
Entró primero en el pequeño mercado de abastos, el mismo donde solía comprar pan fresco todas las mañanas. El dueño la reconoció al instante.
- Buenos días -saludó Lucía.
-¿Lucía? -exclamó el anciano-. ¡Lucía Flores!
Vaya, chiquilla, los años te han tratado de maravilla. Te veo en las revistas a veces. ¿Qué haces por aquí?
- Buscando a un viejo conocido -fue directa al grano-. Necesito saber si ha visto a Fernando Castillo últimamente.
La sonrisa del anciano se borró. Miró hacia la calle, bajando la voz.
- El abogaducho ese. Sí, lo he visto. Volvió al barrio hace un par de años, después de que lo echaron de los grandes edificios. Se hace llamar Héctor ahora, ¿sabías?
- Lo sé. ¿Dónde para?
- Nadie sabe exactamente dónde vive, pero se mueve mucho por la zona de los bares de la calle 14.
Dicen que anda en negocios sucios, ten cuidado.
Lucía asintió, agradeciendo la información, y siguió su camino.
Fue preguntando a vecinos, talleres mecánicos y tiendas del barrio. Muchos viejos conocidos la reconocían, algunos con cariño, otros con envidia, pero todos coincidían en lo mismo: Fernando se había convertido en un parásito.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.