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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 374

Capítulo 374

CAPÍTULO 288

El viejo orfanato se alzaba al borde del río como el esqueleto de un gigante olvidado. Las paredes de ladrillo estaban ennegrecidas por el hollín de un incendio que había devorado el ala oeste hacía quince años, y el techo del comedor principal se había desplomado.

Pero Lucía Flores no estaba allí por voluntad propia; estaba allí guiada por la desesperación de una madre.

El corazón le latía con tanta fuerza que temió que el sonido delatara su posición. Sabía que no debería hacerlo sola. Sabía que Fernando Castillo era un hombre desesperado, probablemente armado, y que no dudaría en usar la violencia si se veía acorralado.

Pero nada le importaba.

Antes de dar el paso definitivo hacia el interior, Lucía sacó su teléfono celular del bolsillo de su chaqueta, La pantalla brillaba con notificaciones de Ilamadas perdidas de Alexander y Thiago.

Marcó el número de su esposo en marcación rápida.

Al primer tono, la voz de Alexander tronó en la línea, cargada de una mezcla de pánico y furia absoluta.

- ¡Lucía! ¿Dónde estás? El rastreo del GPS me da una ubicación en la zona sur, cerca del río. ¡Dime que no estás sola!

Lucía no respondió. Bajó el volumen del teléfono al mínimo, lo suficiente para que él no delatara su posición si gritaba, y lo deslizó cuidadosamente en el bolsillo superior de su chaqueta, con el micrófono hacia afuera.

Dejó el celular encendido, la llamada en curso, asegurándose de que Alexander pudiera escuchar todo lo que iba a suceder y, lo más importante, confirmar su ubicación exacta. Era su único seguro de vida.

Respiró hondo, ajustó la cremallera de su chaqueta y cruzó el umbral roto de la antigua puerta trasera del orfanato.

El interior estaba en penumbras, iluminado solo por haces de luz que se colaban por las ventanas sin cristales. Lucía caminó con pasos ligeros, recordando la distribución del edificio como si no hubieran pasado más de treinta años desde la última vez que corrió por esos pasillos. Cocina, despensa, cuartos de servicio...

Se detuvo al escuchar un ruido metálico. Venía del antiguo comedor, la sala más grande del recinto.

Avanzó hasta quedar oculta tras el marco de la puerta doble que estaba desvencijada. Se asomó con cuidado.

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