Capítulo 372
CAPÍTULO 286
Sí, Karla había sido egoísta. Sí, Karla había jugado sucio con Esteban. Pero el verdadero mal no era ella. El mal era el fantasma de Fernando Castillo, y él, Thiago, había estado tan ciego por sus propios celos y su orgullo que no había sabido leer el tablero.
Thiago soltó un suspiro largo, pasándose una mano por el rostro cansado.
- Lo sé -dijo él, bajando la voz - Te debo una disculpa, Karla. En mi desesperación por encontrar a Sofía, busqué al culpable más cercano y fácil.
Asumí lo peor de ti. Me equivoqué.
La disculpa de Thiago, tan inesperada y honesta, rompió el último muro de contención de Karla. Las lágrimas, que había jurado nunca derramar por un hombre de negocios, asomaron a sus ojos oscuros.
- Sabes... -empezó Karla, con la voz temblando ligeramente, acercándose un paso más a él en medio de aquel pasillo iluminado por luces de neón baratas- Me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi en ese aeropuerto.
La confesión quedó flotando en el aire viciado de la comisaría. Thiago se quedó mudo. Sabía de su interés, habían compartido cama, pero la palabra "amor" nunca había sido parte de su vocabulario.
- No me enamoré de tu apellido ni de tu cuenta bancaria -continuó Karla, soltando el lastre de su corazón frente al hombre que la había rechazadoMe enamoré de tu mente. Eres todo lo que deseo y aspiro ser en mi vida, Thiago. Implacable. Brillante.
Indestructible. Pensé que éramos iguales. Pensé que si te demostraba que era tu igual en el trabajo, eventualmente me verías como tu igual en la vida.
Thiago sintió una punzada de tristeza por ella y por el desastre que él mismo había ayudado a crear.
- Karla... -murmuró él, con voz suave- No me quieres a mí. Quieres el poder y la posición que represento. Quieres ser la reina en el tablero de ajedrez. Y lo vas a lograr, porque eres muy capaz.
Eres la mujer más tenaz y brillante que he conocido.
Tu ascenso a la presidencia de cualquier empresa es inevitable.
Thiago negó con la cabeza, ofreciéndole la verdad más dolorosa pero necesaria.
- Pero no conmigo como pareja.
Las palabras fueron un bisturí cortando la ilusión de raíz.
Karla asintió, tragando el nudo en su garganta, aceptando la realidad.
- Sofía es... mi familia -intentó justificarse Thiago, aunque la excusa ya sonaba vacía incluso en sus propios oídos.
- Sofía es el amor de tu vida, y ambos lo sabemos.
Y mientras sigas negándolo, seguirás cometiendo errores estúpidos -sentenció Karla- Me voy para dirigir mi mundo otra vez. Te sugiero que tú vayas a rescatar a tu prima y, de una vez por todas, te atrevas a ser honesto con ella. Porque si no lo haces, alguien más valiente te la va a quitar, y la próxima vez, no será un empleado asustadizo.
Karla no esperó respuesta. No hubo apretón de manos ni abrazos de despedida. Se dio la vuelta y caminó por el pasillo hacia la salida de la comisaría, sus tacones marcando el ritmo de una retirada digna y definitiva.
Thiago la observó irse, sintiendo un alivio profundo mezclado con un respeto silencioso por la mujer que había sido su compañera de trincheras. Karla tenía razón. En todo.
El sonido de la voz de Alexander lo devolvió al presente.
- ¡Thiago! -lo llamó su tío desde el final del pasillo, donde el inspector de policía acababa de salir de la sala de interrogatorios- Samanta recordó un lugar importante. Es un viejo almacén en la zona portuaria sur.
La adrenalina, fría y enfocada, barrió con cualquier rastro de duda o arrepentimiento amoroso en la mente de Thiago.
- Vamos, tío -dijo Thiago, corriendo hacia Alexander, con los puños cerrados y los ojos ardiendo de determinación- Y esta vez, no dejaremos a nadie atrás. No importa lo que cueste.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.