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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 375

Capítulo 375

CAPÍTULO 289

- ¿Qué hice con ellos? -Fernando dio un paso hacia ella, su rostro torciéndose en una mueca de asco. Los usé, Lucía. Igual que ustedes me usaron a mí y luego me escupieron. Especialmente tú.

- Yo nunca te usé, Fernando. Fui yo quien pagó tus estudios. Fui yo quien te mantuvo mientras tú me mentías y planeabas casarte con otra.

- ¡Me obligaste a hacerlo! -gritó él, la vena del cuello palpitando, el resentimiento brotando sin filtro- ¡Tú eras una cadena, Lucía! Eras el recordatorio constante de que yo era un muerto de hambre de este orfanato. Cuando te dejé en esa iglesia, pensé que me había liberado. Pensé que el mundo por fin me iba a dar lo que merecía. Pero tú...

tú tenías que aparecer de la mano de Alexander De la Vega. Tenías que arruinarlo todo.

- Yo no te arruiné. Tú te arruinaste solo cuando decidiste robarle a la familia de tu propia esposa.

- ¡Me robaron ellos a mí! -rugió Fernando, sacando el arma y apuntándole directamente al pecho. La mano le temblaba ligeramente- ¡Ellos tenían millones y me daban migajas! ¡Me trataban como al yerno pobre! Y tú... tú te convertiste en la señora de la casa. Te convertiste en la Presidenta.

Cada vez que abría el periódico y veía tu cara sonriendo, sentía que me estabas robando la vida que me correspondía a mí.

Lucía no retrocedió. Sostuvo la mirada del arma sin inmutarse, confiando en que Alexander, al otro lado de la línea en su bolsillo, estuviera escuchando cada palabra y acelerando hacia allí.

- Fernando, baja el arma. Esto se acabó. No tienes salida. El club Velvet está desmantelado. Esteban confesó todo a la policía. Saben de las apuestas, saben de los secuestros. Tu plan maestro de extorsionarnos usando a Samanta fracasó. No tienes rehenes aquí, lo que significa que o los dejaste ir, o se los diste a alguien más que te traicionó.

La mención de Esteban hizo que Fernando apretara la mandíbula.

- Ese inútil... Debí matarlo en lugar de dejarlo en el sótano como distracción. Pero no importa. Samanta es mía. Siempre ha sido mi propiedad. Volver a mi. Y tu hija... Sofía y el principito de Benicio están bien guardados. Y no vas a volver a verlos hasta que Alexander me transfiera los veinte millones que exijo a mis cuentas, y me consiga un avión privado.

- Alexander no negocia con criminales -dijo Lucía con desprecio- Y menos con cobardes como tu.

- ¡Cállate! -Fernando avanzó rápido, acortando la distancia, sus ojos enloquecidos por la frustración y el fracaso inminente. El plan se le estaba desmoronando, pero tenía a Lucía frente a él. La fuente de todos sus complejos. La venganza más dulce que podía obtener- Quizás no pueda llevarme el dinero, Lucía. Pero te aseguro que puedo quitarle a Alexander lo que más le importa.

Puedo quitarle a la mujer que me arruinó.

Fernando le apuntó directamente a la cabeza.

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