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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 377

Capítulo 377

CAPÍTULO 291

El traqueteo del furgón era monótono y violento.

Sofía yacía en el suelo metálico, sintiendo cada imperfección, cada giro brusco y cada aceleración como un golpe directo a sus costillas. Sus manos, atadas a la espalda con bridas de plástico resistente, estaban entumecidas, y una cinta de tela áspera le cubría la boca, ahogando cualquier sonido. A su lado, la respiración pesada y errática de Benicio era la única prueba de que su primo seguía con vida.

Los habían arrastrado a la fuerza, a ella y a Benicio, y los habían arrojado a la parte trasera de este furgón sin ventanas, dejándolos a oscuras, separados de Samanta en el caos de la huida.

Sofía intentó moverse. Sintió un roce contra su hombro. Era Benicio. Sintió un alivio inmediato. No estaba sola. Benicio emitió un gruñido bajo y sofocado a través de su propia mordaza. Comenzó a frotar su cabeza contra el hombro de Sofía, un movimiento torpe y persistente. Sofía, comprendiendo su intención, inclinó el cuello, permitiendo que él usara la fricción de su chaqueta de cuero para aflojar el nudo de la tela que le tapaba la boca.

Fueron varios minutos de lucha silenciosa, de tirones y roces que le rasparon la piel, hasta que, finalmente, el nudo cedió y la cinta de Benicio cayó alrededor de su cuello.

Benicio tomó una bocanada de aire viciado como si fuera oxígeno puro. Tosió un par de veces antes de poder articular palabra.

-¿Sofi? -susurró él, su voz ronca, destilando una vulnerabilidad que rara vez mostraba- ¿Estás entera?

Sofía asintió frenéticamente en la oscuridad, moviendo la cabeza para frotar su propia mordaza contra la camisa de él. Benicio entendió y le devolvió el favor, utilizando la tela de su hombro para empujar la cinta hacia abajo hasta que ella pudo liberar su mandíbula.

- Estoy bien -jadeó Sofía, escupiendo el sabor a polvo y tela- Me duele todo, pero nada roto. ¿Y tú?

El golpe en la cabeza...estabas sangrando.

- Te juro, Sofía, que si salgo vivo de esta, la próxima vez que recursos humanos me pida evaluar a un pasante, le voy a pedir antecedentes penales hasta a su abuela.

A pesar de la situación desesperada, Sofía soltó una pequeña risa nasal. Esa era la magia de Benicio.

-¿Qué pasó? -preguntó ella, bajando el tono, intentando escuchar si había alguien en la cabina delantera- ¿Por qué nos mueven...? ¿Samanta estará bien?

- Seguro estará mejor que nosotros. Tenemos que salir de esto.

- Fui una idiota -murmuró ella, sintiéndose estúpida- Los traje directamente a nosotros.

- No. No fuiste una idiota, Sofía. Tienes buen corazón. El idiota es él por creer que puede enfrentarse a nuestra familia y salir impune. -

Benicio se acomodó, intentando buscar una postura menos dolorosa en el metal- Oye concentrate...

¿sabes dónde estamos? ¿Cuánto tiempo llevamos en este furgón?

Sofía intentó calcular. El tiempo en la oscuridad era relativo, y la sedación no ayudaba.

- No lo sé. Quizás una hora. O dos. Pero el camino cambió. Ya no hay asfalto liso. Siento baches y curvas cerradas. Creo que salimos de las vias principales.

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