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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 379

Capítulo 379

CAPÍTULO 293

(Meses atrás) Héctor observaba la sala principal del club Velvet.

En el centro del escenario, Samanta ejecutaba su rutina. Sus movimientos eran etéreos, cargados de una melancolía que hechizaba al público de una manera que las otras bailarinas no lograban.

Héctor no miraba el baile; miraba a los clientes. Y, como casi todas las noches de los últimos meses, su mirada se detuvo en la mesa cinco.

Allí, con un vaso de whisky intocado entre las manos, estaba Mateo de la Vega. La admiraba con una devoción silenciosa y obsesiva que a Héctor le producía una satisfacción enfermiza. Tener al hijo de uno de sus enemigos cautivo en su propio club era un premio que saboreaba cada noche.

Pero Mateo no era el único que buscaba a Samanta.

La bailarina estrella atraía a toda clase de depredadores.

Esa noche en particular, además de Mateo, había otro hombre que a Héctor le interesaba. Un pez gordo del sector inmobiliario, conocido por sus vicios caros y su falta de escrúpulos.

Héctor dio un paso atrás hacia el pasillo de servicio cuando vio pasar a Roxana, una de las meseras más veteranas del local, balanceando una bandeja vacía.

Héctor estiró la mano y la agarró del brazo con fuerza, deteniéndola bruscamente.

-¿Qué quieres? -preguntó Roxana secamente, zafándose del agarre con una mueca de fastidioEstoy trabajando.

- Cariño, soy tu jefe -le recordó Héctor, esbozando una sonrisa torcida que no le llegó a los ojos- Un poco de respeto.

- El dueño es otro, Héctor. Tú solo eres el parásito que maneja a las chicas. Ya dime lo que quieres, tengo que llevar unos cócteles a la barra.

Héctor ignoró el insulto, acostumbrado al desprecio de las empleadas. Señaló disimuladamente hacia la sala.

Quiero que atiendas muy bien al hombre de la mesa doce. El del traje italiano que no deja de sudar.

Roxana miró hacia la mesa indicada y frunció el ceño con evidente asco.

- Ese cerdo ya me preguntó como tres veces por Samanta en menos de media hora. Le dije que ella no hace servicios privados. Está insistente.

- Por eso mismo te llamo -dijo Héctor, frotándose la barbilla- Llévale un trago especial.

El más caro que tengamos. Y dile, con mucha sutileza, que si está dispuesto a pagar la tarifa de exclusividad premium, quizás...y digo quizás, yo pueda convencer a la estrella de que le conceda diez minutos de conversación en el reservado.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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