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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 383

Capítulo 383

CAPÍTULO 297

Alexander entró a la sala. Llevaba una carpeta de cuero bajo el brazo y Vargas, el jefe de seguridad, caminaba un paso detrás de él.

- Tenemos novedades -anunció Alexander, y su voz profunda cortó la tensión de la sala como una cuchilla.

Lucía fue la primera en acercarse, deteniéndose a escasos centímetros de él.

- ¿Pidieron rescate? ¿Hablaron?

- No, Lucía. Siguen sin comunicarse. - Alexander puso una mano en el hombro de su esposa para tranquilizarla- Pero tenemos una pista sólida. Acabo de llegar de la comisaría central. Observaron unas visitas inusuales en el penal donde tienen a Fernando Castillo.

- ¿Visitas? -preguntó Thiago, poniéndose de pie- ¿Quién visitaría a ese infeliz ahora?

- Victoria Navarro -dijo Alexander.

El nombre cayó en el salón como una piedra en un estanque quieto.

- ¿Victoria? -Lucia levantó la cabeza, limpiándose las lágrimas, su sorpresa superando por un momento a su angustia- ¿La ex esposa de Fernando? Pero... ¿Por qué iría a verlo a la cárcel?

- Y eso es una sospecha importante -explicó Alexander, abriendo la carpeta sobre la mesa de centro para que todos vieran los registros de visitas del penal- Fernando está aislado, no recibe a nadie. Y de repente, la mujer que supuestamente más lo desprecia, va a verlo y exige una reunión privada sin abogados presentes. No fue a consolarlo. Fue a regodearse.

O a confirmar algo.

- ¡Es que esa gente no nos puede dejar en paz!

-gritó Lucía, la frustración rompiendo finalmente su compostura. Golpeó la mesa con la palma de la mano- ¡Después de tantos años!

¡Después de veinte años de haberlos sacado de nuestras vidas, vuelven para quitarnos lo que más amamos! ¿Qué más quieren de nosotros?

Alexander tomó las manos de Lucía, obligándola a mirarlo, transmitiéndole su propia fuerza.

- Lucía, escúchame. Hay más. Victoria no está operando sola. Si ella tiene a Sofía y a Benicio, necesita logística. Necesita propiedades seguras, transporte, hombres. Una mujer de alta sociedad en quiebra no puede organizar un secuestro de esta magnitud sin apoyo financiero y operativo.

Alexander soltó las manos de su esposa y señaló un documento en la carpeta.

- He descubierto que Victoria está casada nuevamente.

- ¿Con quién, papá? -preguntó Mateo, acercándose a la mesa.

Lucía miró la foto de nuevo y lo reconoció al instante.

- ¡Es él! -exclamó Lucía, la indignación y la claridad golpeándola al mismo tiempo. Se giró hacia Alexander, señalando la imagen con urgencia- ¡Es el hombre que defendí de Samanta en el hipódromo!

Mateo sintió que la sangre le hervía en las venas.

Los puños se le cerraron por instinto.

Samanta tragó saliva, sintiendo todas las miradas de los de la Vega sobre ella.

- Él... él era un cliente habitual del Club Velvet -confesó ella, bajando la vista por un segundo de vergüenza antes de volver a levantarla, enfrentando su pasado con valentía-. Iba todas las semanas. Siempre intentaba pagar a Héctor, a Fernando, por... servicios privados. Y siempre fue agresivo cuando yo me negaba. En el hipódromo me amenazó. Me dijo que sabía quién era yo y que quería llevarme con él.

-¡Desgraciado! -rugió Mateo, dando un puñetazo sobre el respaldo del sofá de cuero, olvidando el dolor de sus costillas magulladas.

- Tiene sentido, padre - prosiguió Mateo - Esa mujer detesta a la familia. Pero ella no sabe cómo secuestrar a alguien. En cambio, su nuevo marido, tiene acceso a docenas de propiedades, aserraderos y almacenes abandonados que no figuran en los registros activos porque están en litigio legal. Lugares perfectos para esconder personas sin levantar sospechas en los radares de la policía.

- Y conocía a Fernando del club -añadió Samanta, siguiendo la lógica de su novioFernando seguramente le vendió la información sobre nosotros.

- Eran un equipo -concluyó Lucía, sintiendo un escalofrío al darse cuenta de la magnitud de la conspiración- Victoria orquestó todo para vengarse de nosotros y, de paso, robarle el botín a su exmarido.

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