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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 391

Capítulo 391

CAPÍTULO 305

Alexander de la Vega estaba de pie en el porche delantero con los brazos cruzados sobre el pecho.

Mateo ya le había adelantado horas antes, mediante un escueto mensaje de texto, que Thiago iba a ir a la finca esa noche. No le había dado detalles, pero no necesitaba más información. Sabía a qué venía.

El motor de un deportivo oscuro ronroneó al acercarse, disminuyendo la velocidad hasta detenerse con un crujido de grava justo frente a las escaleras del porche.

Thiago de la Vega se quedó inmóvil por un segundo, con las manos aferradas al volante. Ni bien apagó el motor, ya vio a su tío en la entrada.

Respiró hondo, llenando sus pulmones para calmar el latido acelerado de su corazón. Sabí que esta conversación era inevitable.

Abrió la puerta y bajó del coche, cerrándola con un golpe seco. Caminó hacia las escaleras, manteniendo la espalda recta.

- Te estaba esperando, Thiago -dijo Alexander a modo de saludo, sin moverse de su posición junto a la columna, su voz profunda cortando el aire frío de la noche.

- Buenas noches -respondió Thiago, deteniéndose al pie de los escalones, asintiendo con la cabeza en señal de respeto, aunque manteniendo su propia autoridad- Mateo me dijo que la casa estaba... tranquila esta noche.

- Lo está. -Alexander dio un paso adelante, quedando en el borde del porche, mirándolo desde arriba- Pero antes de que entres quiero hablar contigo. A solas.

Thiago asintió. No iba a esquivar el golpe.

- Dime.

Alexander no fue con vueltas ni diplomacia barata. Fue directo a la yugular, como siempre había hecho cuando algo le importaba.

-¿Qué significó ese espectáculo en el hipódromo?

Thiago sostuvo la mirada de su tío sin pestañear.

- Fue un acto impulsivo, tío. Lo admito. Verla caer... ver que podía estar herida y que yo no estaba a su lado... me hizo perder el control.

- Alexander -lo corrigió el patriarca inmediatamente, su voz endureciéndose un grado - Esta noche, para ti, soy Alexander. Trátame como al padre de la mujer que intentas conquistar, no como a tu pariente comprensivo.

Aquí no hay lazos de sangre que te salven.

El recordatorio fue claro: la familia no era un escudo para justificar errores. Thiago tragó saliva, aceptando las reglas del juego.

- De acuerdo -asintió Thiago, cuadrando los hombros- Fue un acto impulsivo, sí. Pero no fue un error. Hice lo que mi instinto me ordenó hacer.

Marqué mi posición porque estaba cansado de esconderme.

- ¿Tu posición? -Alexander soltó una risa seca, carente de humor- ¿Y cuál es tu posición, exactamente? Porque hasta donde yo sé, y por lo que todos vimos en esa gala y en las semanas anteriores, tu "posición" parecía estar muy cerca de tu codirectora de operaciones. ¿Y de repente besas a Sofía frente a la prensa? Eso no es marcar posición, Thiago; eso es marcar territorio como un animal celoso. Eso es jugar con ella.

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