Capítulo 392
CAPÍTULO 306
Thiago finalmente golpeó la puerta con los nudillos, un par de toques suaves, y pasó al interior sin esperar a que le dieran permiso.
Sofía estaba sentada en un amplio sillón orejero de cuero junto a la chimenea apagada. Tenía las piernas cruzadas bajo ella y sostenía un pesado libro de genealogía equina sobre el regazo.
Al escuchar los pasos, levantó la vista. Sus ojos se encontraron con los de él. No hubo sobresalto ni fingida indiferencia; solo una espera que había durado demasiado.
Thiago se quedó de pie a un par de metros de distancia, sintiéndose, por primera vez en su vida adulta, sin un guión preestablecido. Observó a Sofía.
- Hola -dijo él, su voz apenas un murmullo que raspó el silencio de la habitación- ¿Cómo estás?
Me refiero... ¿cómo sigue el hombro?
Sofía cerró el libro despacio, dejando una marca
en la página, y lo colocó sobre la mesita auxiliar.
Se descruzó de piernas y lo miró fijamente. No sonrió.
El hombro está bien, Thiago. Un poco rígido por las mañanas, pero el médico dice que no hay daño permanente.
Ella hizo una pausa, y su mirada se volvió más aguda, más exigente.
- Thiago... te tardaste mucho en venir.
Habían pasado casi dos semanas desde la locura del rescate.
Thiago asintió, aceptando el golpe sin intentar evadirlo. Caminó hacia el sofá contiguo y se sentó frente a ella, apoyando los codos en las rodillas, acortando la distancia física para intentar acortar la emocional.
- Perdón —dijo él, y la palabra, que rara vez usaba en su vocabulario corporativo, sonó pesada y sincera- Tienes razón, Sofía. Me tardé demasiado. Fui un cobarde.
Sofía enarcó una ceja, sorprendida por la confesión directa.
¿Tú, el Emperador de VegaCorp, un cobarde?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.