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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 395

CAPITULO 309

La sorpresa no fue solo para Thiago. Sofía se quedó congelada en la entrada, mirando a su hermano mellizo y a su primo menor con la boca entreabierta.

Thiago sintió que una vena le empezaba a palpitar peligrosamente en la sien derecha.

Samanta fue la primera en notar la presencia de la pareja en el umbral y, al ver la expresión homicida en el rostro de Thiago, levantó las manos en un gesto de rendición inmediata.

— Estoy acá en contra de mi voluntad, lo juro —se apresuró a declarar Samanta— Yo les dije que esto era una pésima idea y que nos iban a odiar.

Benicio soltó una carcajada, levantando su copa de champán hacia los recién llegados, sin inmutarse por la mirada asesina de su hermano mayor.

— ¡Por favor, Samanta, no te hagas la mártir! —comentó Benicio con desparpajo— Tienes exactamente la misma curiosidad que nosotros de ver cómo funciona el Emperador en modo romántico.

Thiago dio un paso firme hacia la mesa, soltando el brazo de Sofía.

— ¿Qué hacen aquí? —preguntó Thiago — Benicio, te advierto que esta broma acaba de cruzar la línea. Exijo una explicación antes de llamar a seguridad y hacer que los saquen a rastras de mi reservación.

Mateo, que estaba sentado junto a Samanta con una postura mucho más relajada de lo habitual.

— Relájate, Thiago.

— ¿Relajarme? —siseó Thiago.

— La próxima vez, hermanito... —interrumpió Benicio, apuntándolo con el dedo— Encárgate tú de las cosas importantes personalmente y no dejes tareas de alto riesgo en manos de novatos.

Thiago frunció el ceño, confundido.

— ¿De qué estás hablando, Benicio? Yo hice la reserva personalmente.

— Tú le diste la orden de hacer la reserva a tu secretaria —corrigió Benicio, deleitándose con la explicación— Que es una santa pero que esta semana ha estado lidiando con la renuncia de Karla, la reorganización del departamento y tus exigencias de "quiero la mejor mesa pero que nadie sepa que es una cita", estaba hecha un lío.

Benicio se encogió de hombros, tomando un sorbo de su bebida.

— Al verla al borde del llanto, decidí usar mis encantos de relaciones públicas. Llamé al gerente del restaurante, moví un par de hilos, amenacé sutilmente con retirar los eventos corporativos anuales de VegaCorp de su salón de banquetes, y logré que te dieran la reserva. Entonces me encargué de hacer la reserva yo mismo. Y como el favor fue grande... decidí que el precio a pagar era una cena familiar. Y acá estamos. Merecemos un brindis en familia por el esfuerzo.

Thiago cerró los ojos, exhalando profundamente por la nariz.

— Sofía... —dijo él en voz baja, acercándose a ella— ¿Quieres irte a otro lugar? Podemos salir de aquí ahora mismo. Conozco un bar tranquilo a un par de manzanas, o podemos pedir comida y volver a mi departamento.

Sofía miró la mesa. Vio a Mateo, relajado y feliz junto a la mujer que ama; vio a Benicio con una gran sonrisa. Habían pasado semanas de mucha angustia.

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