Entrar Via

Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 396

CAPÍTULO 310

Benicio de la Vega caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y el saco al hombro, tarareando una melodía ininteligible. Había dejado a Thiago y Sofía en la puerta del restaurante.

Llegó a una intersección y, con la mente divagando entre el último reporte de logistica y el menú del restaurante, dio un paso hacia la calle sin mirar el semáforo peatonal.

El sonido agudo de un timbre de bicicleta y un grito femenino lo sacaron de su ensoñación.

— ¡Cuidado, idiota! —chilló una voz, seguida por el chirrido de unos frenos de goma contra el asfalto.

Benicio saltó hacia atrás por puro reflejo, sintiendo el roce de una ráfaga de viento en su pierna. Una bicicleta urbana, de color rojo brillante derrapó violentamente a escasos centímetros de él.

La ciclista, intentando evitar el impacto directo con él, giró el manillar bruscamente y perdió el equilibrio, cayendo al suelo con un ruido sordo, enredada entre los pedales.

— ¡Maldición! —exclamó Benicio, saliendo del estupor y arrodillándose rápidamente junto a la chica— Oye, perdóname. Fue mi culpa, estaba distraído y crucé sin mirar. ¿Estás bien? ¿Te lastimaste?

La chica se quejó, apartándose el cabello rizado y oscuro de la cara, y se sentó en el asfalto frotándose la rodilla derecha. Llevaba unos vaqueros ajustados, una chaqueta vaquera con parches y unas zapatillas de lona que habían visto días mejores.

No parecía pertenecer al mundo de los de la Vega, pero había algo en su mirada castaña, aguda y llena de chispas, que a Benicio le pareció fascinante.

— Estoy bien, creo —murmuró ella, aceptando la mano que Benicio le ofrecía para ayudarla a levantarse— Solo el golpe. Aunque, sinceramente, deberías mirar por dónde caminas. Casi formamos parte de la sección de anuncios policiales.

— Lo sé, lo sé. Soy un peligro peatonal. Te juro que normalmente soy más ágil.

La chica se sacudió el polvo de los pantalones y levantó la vista para mirarlo a la cara y soltarle otro reproche, pero las palabras murieron en su boca. Parpadeó un par de veces, entrecerrando los ojos, analizándolo bajo la luz de la farola de la calle.

— Espera un momento... —dijo ella, acercándose un paso, ignorando por completo la bicicleta tirada en el suelo— Yo te conozco.

Benicio empezó a mirarla con otros ojos, tratando de recordar ese rostro. Adoptó su mejor sonrisa y fingió demencia.

— Me lo imaginaba. Por cierto, soy Martina. Y te acabo de casi arrollar, estrella de televisión.

— Benicio —se presentó él, estrechando la mano que ella le ofrecía. Su agarre era firme y áspero, el de alguien que trabaja con las manos— Y el placer de casi ser atropellado ha sido todo mío, Martina. De verdad, te pido mil disculpas. Cruzar sin mirar… Fue todo culpa mía.

Martina se agachó para levantar su bicicleta, comprobando que la cadena no se hubiera salido y que las ruedas estuvieran en su lugar.

— La bici está bien, y yo no tengo huesos rotos. Pero aun así, tambien me siento responsable. —Se giró hacia él, con una chispa desafiante en los ojos oscuros— ¿Puedo hacer algo para compensarlo? ¿Te invitaría a un café para comprobar que no tienes daño?

Benicio miró su reloj. Todavía faltaba mas de una hora para la medianoche. El instinto corporativo le decía que debía ir a su apartamento y dormir.

Pero el instinto de Benicio De la Vega, el verdadero miró a Martina.

—Es un poco tarde para un café, ¿no crees? —sugirió él, con una sonrisa ladeada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.