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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 397

CAPÍTULO 311

Martina se encogió de hombros, levantando su bicicleta del suelo.

— Conozco un bar de jazz cerca de aquí. No es un yate de lujo con champán, pero tienen la mejor cerveza artesanal de la ciudad y tocan en vivo hasta las dos. Si no estás apurado por volver, te invito a la primera ronda.

Benicio no dudó ni un milisegundo. La oportunidad de sentarse a hablar con alguien que no tenía idea de cuánto dinero había en su cuenta bancaria, ni de las fusiones de VegaCorp, era demasiado tentadora para dejarla pasar.

— Acepto tus disculpas, Martina. Guíame a ese bar. Yo invito la segunda ronda.

Caminaron juntos por la avenida, Martina empujando su bicicleta roja y Benicio con el saco al hombro, una pareja improbable en la noche de la ciudad.

El bar de jazz era exactamente como ella lo había descrito: pequeño, ruidoso, luz muy tenue y un trío de músicos improvisando en un rincón.

Se sentaron en un taburete alto cerca de la barra.

Durante las siguientes dos horas, Benicio se olvidó de que su apellido, de su familia, de sus obligaciones. Hablaron de música, de las locuras de la ciudad, y de la dificultad de sobrevivir en el mundo laboral.

Martina le contó que era diseñadora gráfica independiente, que luchaba mes a mes para pagar el alquiler y que usaba la bicicleta porque odiaba el transporte público.

— Y tú, Benicio, el modelo —le dijo ella, dándole un sorbo a su cerveza y mirándolo con curiosidad— Además de pararte en yates fingiendo ser rico, ¿qué haces para pagar las cuentas? El modelaje es inestable, ¿no?

Benicio tragó cerveza para ganar tiempo y ahogar una carcajada. La ironía de la situación era deliciosa.

— Oh, sí. Ya te dije no es mi trabajo principal —mintió él con una soltura admirable, apoyando los codos en la barra— Hago trabajos de... logística, relaciones publicas mayormente. Coordino transportes. Ya sabes, asegurar que las cajas vayan del punto A al punto B sin perderse en el camino. No es muy glamuroso, pero paga el alquiler.

— Perdón, suena algo aburrido —bromeó Martina, arrugando la nariz— Pero supongo que es un trabajo honesto. Mucho mejor que posar con cara de intensidad para vender ideas falsas de éxito corporativo. Esos tipos de los directorios deben ser insoportables en la vida real.

Benicio pensó en Thiago y soltó una carcajada genuina y profunda que hizo que Martina sonriera también.

— No tienes ni la más remota idea de lo insoportables que pueden llegar a ser.

La noche transcurrió entre risas compartidas y anécdotas inventadas a medias. A Benicio le fascinaba la franqueza de Martina. No había filtros, no había intenciones ocultas de escalar posiciones ni de obtener información confidencial. Era solo una chica interesante en un bar, hablando con un chico que casi atropella.

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