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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 398

CAPITULO 312

Cuando las puertas del ascensor privado se abrieron en el ático de Mateo, la oscuridad del recibidor los recibió. Mateo encendió las luces tenues con un pase de la mano y se giró para mirar a Samanta.

Samanta sonrió cuando él le quitó el abrigo de los hombros, pero Mateo, cuyo instinto para leerla se había agudizado en esos días de aislamiento, notó la rigidez en su postura. A pesar del anillo imaginario de la promesa, a pesar de las risas en la playa, Samanta estaba feliz, sí, pero no del todo relajada.

Había una sombra persistente en sus ojos oscuros, un destello de alerta que se negaba a apagarse.

Mateo colgó el abrigo en el perchero y se acercó a ella, tomándola por la cintura con delicadeza.

— ¿Qué te preocupa, amor? —preguntó él en voz baja, acariciando su mejilla con el dorso de la mano.

Samanta bajó la mirada, apoyando la frente contra el pecho de Mateo.

— Todo está muy tranquilo, Mateo —susurró ella, como si temiera que hablar en voz alta rompiera el hechizo— Demasiado tranquilo. Han pasado semanas desde el rescate, desde que se lo llevaron. Nadie ha vuelto a buscarnos. No he recibido amenazas, no han venido a cobrar deudas...

— Eso es porque está en la cárcel, Samanta. Aislado. Sin recursos y sin poder —le recordó Mateo con seguridad, apretándola contra sí.

— ¿Y si ese hombre quiere volver a mi vida? —preguntó ella, levantando la vista, su voz teñida de un pánico frío— Héctor... Fernando, como sea que se llame. Él es astuto. Él conoce a gente peligrosa. Tiene abogados caros. Y si encuentra un vacío legal, o si soborna a un guardia y sale... lo primero que hará será buscarme. Para castigarme por haberme ido contigo. Para usarme contra tu familia de nuevo. Siento que esto es solo el ojo del huracán.

Mateo endureció la mandíbula. El solo recuerdo de las manos de Fernando sobre ella en el callejón le provocaba una rabia que le quemaba las entrañas.

— No va a volver —sentenció Mateo, y su voz adoptó el tono implacable de un De la Vega protegiendo su territorio— No se lo voy a permitir. Mi padre tiene a sus mejores equipos legales sobre el caso. Están auditando cada cuenta falsa que usó para robarle a su propia familia política. El equipo de Vargas se está asegurando de que no tenga acceso a ni un solo contacto del exterior. Fernando Castillo se va a pudrir en una celda de máxima seguridad el resto de sus miserables días.

Mateo la tomó por los hombros, obligándola a mirarlo a los ojos.

— Te lo juro, Samanta. No va a volver a tocarte. Si quieres, para que te quedes más tranquila, podemos asistir a los juicios. Tendrás que declarar. estaré a tu lado, y veremos como lo sentencian. Quizás verlo en ese estado te ayude a cerrar esa puerta.

Samanta negó con la cabeza enérgicamente, retrocediendo un paso. La sola idea de volver a estar en la misma sala que el hombre que la había manipulado y explotado le revolvía el estómago.

Capítulo 398 1

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