CAPÍTULO 313
Thiago, notando la rigidez en los hombros de Sofía, dejó las llaves en la consola de la entrada y se quitó el saco, arrojándolo sobre una silla.
— ¿Quieres algo de tomar? —preguntó él, acercándose a la barra de la cocina— ¿Vino? ¿Agua? ¿Un té relajante?
Sofía lo miró, levantando una ceja, la chispa de desafío regresando a sus ojos.
— ¿Se me notan tanto los nervios?
— Un poco. Estás apretando los brazos como si esperaras que el techo se cayera —Thiago sonrió, acercándose a ella con dos copas de vino dulce y tendiéndole una— Relájate, Sofía. Estás a salvo.
Ella tomó la copa, dándole un sorbo que le calentó el pecho.
— No es miedo, Thiago. Es que... es raro. Estar aquí, contigo, así tan cerca. En silencio.
Thiago se acercó hasta acortar el espacio entre ellos, apoyando su mano libre en la cintura de Sofía.
— Me gusta este silencio. Y me gustas tú en mi espacio. Llevaba mucho tiempo imaginando esto.
— Por cierto... —dijo él, bajando el tono a un murmullo profundo— Aún no hemos terminado con la noche.
Sofía parpadeó, sintiendo que el pulso se le aceleraba.
— ¿A qué te refieres? Ya fuimos al restaurante, soportamos la invasión de Benicio y Mateo... ¿Hay más sorpresas?
— Lo mejor siempre se guarda para el final —bromeó él, aunque su mirada era intensa y seria.
Thiago metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó una pequeña caja de terciopelo azul marino.
El corazón de Sofía dio un vuelco. "No puede ser", pensó ella, presa del pánico.
Thiago notó el pánico en los ojos verdes de ella y soltó una carcajada suave.
— No te asustes. No es un anillo de compromiso.
Sofía soltó el aire retenido en una exhalación temblorosa.
— ¿Qué es entonces?
Thiago abrió la pequeña caja. En el interior descansaba un anillo. Era una pieza fina, nada pretenciosa, elegida claramente pensando en ella.
— Es un anillo de promesa —explicó Thiago, su voz perdiendo toda arrogancia— Te prometí en la biblioteca de la finca que haría las cosas bien. Y soy un hombre de palabra, Sofía.
Tomó el anillo de la caja y la miró a los ojos.
— Con esta propuesta, quiero pedirte que seas mi novia. Oficialmente. Ante mí, ante nuestra familia, y ante el mundo. ¿Aceptas?
Sofía miró el anillo. En ese pequeño círculo de metal, Thiago le estaba entregando su corazón.
No dudó. Extendió su mano izquierda.
— Acepto —dijo ella, con una sonrisa radiante.
Thiago deslizó el anillo en su dedo anular. Le quedó perfecto. Se inclinó y la besó.
...
Cuando el reloj digital de la cocina marcó que era casi media noche, Sofía se apartó ligeramente de su abrazo y se alisó el vestido.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.