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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 404

CAPÍTULO 318

Sofía debía estar en la Competencia Nacional de Salto.

Pero estaba allí, en el establo, cepillando a un caballo de paseo, mientras sus competidores cruzaban los arcos de triunfo.

— Sabía que ibas a estar aquí —dijo Thiago De la Vega, deteniéndose en la puerta del box.

Sofía detuvo el cepillo y se dio la vuelta. Thiago estaba apoyado contra el marco de madera, luciendo impecable, como siempre.

Ella le sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina que no lograba ocultar del todo la melancolía en sus ojos verdes.

— ¿Qué hora es? —preguntó Sofía, pasándose el dorso del brazo por la frente para secarse el sudor— No he estado pendiente de mi celular en casi todo el día. Supongo que lo dejé en la cocina en la mañana.

Thiago miró el pesado reloj de acero en su muñeca izquierda.

— Son casi las siete de la tarde. —Se cruzó de brazos, observándola con una intensidad suave que ella estaba aprendiendo a amar— Esperaba llegar antes. Quería estar aquí al mediodía, de hecho. Pero fue imposible salirme de la empresa antes.

— No tenías que venir corriendo, Thiago. Es viernes. Deberías estar en tu departamento descansando.

— No quería que estuvieras sola hoy.

La frase, sencilla y directa, golpeó el escudo protector de Sofía.

Sofía se apoyó contra el flanco del animal, mirando al suelo. Ella finalmente no pudo competir. No estaba lista. El médico había sido claro: Un mal movimiento en un salto de metro y medio podría resultar en un desgarro que requeriría cirugía.

— Estoy bien, Thiago —mintió Sofía a medias, acariciando la crin del animal— No pasa nada. Es solo un torneo. Hay muchos en el año.

Thiago no compró la mentira. Se acercó más, acortando la distancia hasta que pudo rodear su cintura con un brazo, atrayéndola hacia su pecho.

— No tienes que hacerte la fuerte conmigo, Sofi —murmuró él, besando su coronilla— Sé lo importante que era este día para ti. Sé cuánto habías entrenado con Eclipse. Tienes derecho a estar enfadada, o triste.

Sofía soltó una risa húmeda, aferrándose a la camisa de él, escondiendo el rostro en su pecho.

— No me he rendido —dijo ella, levantando la vista — Me preparé mucho, sí. Me dolió no escuchar mi nombre en las listas de hoy. Pero esto no es el final de mi carrera. Seguiré entrenando. El próximo año podré hacerlo. Volveré a esa pista y me llevaré el trofeo principal.

Thiago la miró, conmovido por su fuerza.

— Lo harás muy bien —aseguró él, con absoluta convicción— Serás la campeona. Yo estaré en primera fila para verlo.

Sofía sonrió, tenerlo allí, creyendo en ella sin cuestionamientos, valía más que cualquier medalla de oro.

— ¿Necesitas ayuda? —preguntó Thiago, ofreciendo sus servicios de forma torpe, señalando los cepillos y los cubos de agua— No sé mucho de caballos, si me dices qué hacer.

Sofía lo miró de arriba abajo, evaluando el traje gris impecable, la camisa blanca y el reloj de lujo. Soltó una carcajada abierta y sonora.

— Mmm... no. Definitivamente no —decretó ella, negando con la cabeza— Te agradezco la intención.Ya terminé por hoy.

Dejó el trapo y se quitó el delantal de trabajo sucio.

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