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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 408

EPÍLOGO - Mateo y Samanta

— ¡Ay, mami, me duele! ¡Péiname más despacio! —se quejó una vocecita aguda desde el pequeño taburete frente al espejo del tocador.

— Ya casi está, Lía, solo me falta esconder este mechón rebelde —respondió Samanta, usando el cepillo con más suavidad mientras rociaba una capa fina de laca sobre el cabello oscuro de su hija— Es que tienes el mismo pelo indomable que tu padre, mi amor.

Hoy era su primera presentación de ballet importante en la academia infantil del Teatro Nacional. Y ella tenía el papel protagónico: el pequeño cisne blanco en la adaptación infantil.

— Listo —anunció Samanta, sacando la horquilla de sus labios y asegurando el moño— Perfecta. Como una verdadera bailarina.

Lía se miró en el espejo, y la queja anterior fue reemplazada instantáneamente por una sonrisa radiante.

— ¡Soy hermosa! —decretó la niña, con una falta de modestia que siempre hacía reír a su madre.

— Lo eres —coincidió Samanta, dándole un beso rápido en la mejilla— Pero vamos, que vamos tarde. Tu padre y tus abuelos nos encontrarán en el auditorio.

Samanta le puso un pequeño abrigo sobre los hombros, tomó su bolso y las llaves del coche.

La niña jugaba nerviosamente con el borde de su tutú.

— Mami... —murmuró Lía, con la voz temblando ligeramente— ¿Y si lo hago mal? ¿Y si me equivoco de paso y me caigo y nunca me vuelven a elegir para bailar?

— Lo harás muy bien, mi amor —la alentó Samanta, con una voz cargada de seguridad—. Has practicado durante meses. Te sabes la coreografía de memoria. Y si por alguna razón te tropiezas o te olvidas de un paso... ¿sabes qué tienes que hacer?

— ¿Qué?

— Sonríes, te levantas y sigues bailando con la cabeza en alto. —Samanta le guiñó un ojo por el espejo— El ballet no se trata de no caerse, Lía. Se trata de cómo te levantas. Además, estaré yo entre bambalinas, y tu papá estará en primera fila. No tienes nada que temer.

La niña asintió, tomando aire y pareciendo un poco más tranquila.

En la fila tres, el bloque de la familia De la Vega ya estaba posicionado.

— Samanta viene retrasada —comentó Mateo, sacando el teléfono para ver si tenía algún mensaje— Faltan diez minutos para que empiece. No lograremos ver a la princesa antes del show. Quería darle un abrazo de buena suerte.

Lucía le puso una mano tranquilizadora en el brazo a su hijo.

— Tranquilo, Mateo. Samanta sabe lo que hace. Seguramente Lía tuvo una crisis de vestuario de última hora o un ataque de nervios. Las bailarinas tienen sus propios tiempos antes de salir al escenario.

Alexander asintió desde su lugar.

— Tu madre tiene razón, hijo. Confía en ellas. Esa niña va a dominar ese escenario en cuanto pise la madera.

Las luces de la sala comenzaron a atenuarse gradualmente, y el murmullo del público se apagó hasta convertirse en un silencio expectante. La música orquestal llenó el espacio, una melodía suave que anunciaba el inicio del primer acto.

Mateo guardó el teléfono y se inclinó hacia adelante, con el corazón latiéndole fuerte en el pecho.

El telón de terciopelo granate se abrió lentamente.

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