EPÍLOGO - Sofía y Thiago
parte I
— Como les decía, señores —explicaba Thiago en inglés perfecto, ignorando una gota de sudor que le bajaba por la sien— la reestructuración de la cadena de suministro en el puerto debe ejecutarse en el tercer trimestre. No aceptaremos un margen de error superior al dos por ciento. Si los proveedores locales no...
Un sonido agudo y estruendoso cortó su monólogo.
No era una alarma de incendios ni una sirena policial. Era un graznido ensordecedor.
El ganso rescatado que Sofía había traído a la finca la semana anterior acababa de aparecer en el porche, graznando a todo pulmón mientras perseguía a un escarabajo.
Los ejecutivos europeos en la pantalla parpadearon al unísono.
Thiago apretó la mandíbula, forzando una sonrisa que era puro granito. Pulsó el botón de silencio en su teclado.
— ¡Emperador! —siseó Thiago, agitando la mano hacia el ave— ¡Lárgate de aquí! ¡Fuera!
El ganso lo miró con ojos negros e inescrutables, soltó un último graznido desafiante que sonó como un insulto personal, y se alejó contoneándose hacia el jardín.
Thiago respiró hondo, desactivó el silencio del micrófono y volvió a su mejor postura corporativa.
— Mis disculpas, señores. Interferencia en la línea exterior. Volviendo al tema del puerto, necesito que aprueben el presupuesto antes del viernes. De lo contrario, procederé a...
¡THIAGO!
El grito no provino del ordenador, sino del establo cercano.
Ignorando por completo la luz verde de la cámara y los tres rostros estupefactos de los directivos europeos que los observaban en directo, Sofía se inclinó sobre el hombro de Thiago, apoyando una mano sucia en el inmaculado respaldo de su silla.
— Thiago, necesito tu ayuda ahora mismo —dijo ella, con urgencia— Eclipse se asustó y está intratable. Necesito que me ayudes a hacer peso en la puerta para guiarlo.
Thiago cerró los ojos por una fracción de segundo, invocando a todos los dioses del capitalismo y la paciencia.
— Sofía, mi amor —respondió él, entre dientes, señalando la pantalla de la laptop con un dedo tenso— Estoy en medio de la junta directiva de la división europea. Los señores nos están viendo.
Sofía parpadeó, finalmente dándose cuenta de la presencia de los tres hombres en miniatura en la pantalla.
Lejos de avergonzarse o disculparse, la heredera salvaje les dedicó una sonrisa radiante y levantó una mano manchada de barro a modo de saludo.
—¡Buenos días señores! —saludó Sofía en inglés, con total naturalidad—
Thiago, viendo que la situación era insalvable, soltó un suspiro de derrota que rápidamente se transformó en una sonrisa genuina. Miró a los ejecutivos en la pantalla.
— Señores —dijo Thiago, con un tono mucho más relajado y un brillo de diversión en los ojos— Mi jefa me llama. El presupuesto está aprobado por mi parte. Envíen los contratos a mi asistente y los firmaré esta noche. Tienen luz verde. Buen fin de semana.
— Gracias señor De la Vega —tartamudeó el director, aún en shock.
Thiago cerró la laptop de golpe, cortando la conexión.

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