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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 411

EPÍLOGO - Benicio de la Vega

Martes por la mañana, pero el ambiente en su apartamento no tenía nada de la rigidez de un día laborable. Martina, sentada en la isla de la cocina con las piernas cruzadas y su portátil abierto, terminaba de revisar los diseños de una campaña publicitaria mientras daba sorbos a su taza de café negro.

La diseñadora levantó la vista de su pantalla y notó cómo él se ajustaba los puños de la camisa blanca una y otra vez, sin atreverse a ponerse el saco.

— Relájate, Beni —dijo ella — Solo vas a renunciar a un trabajo que te hace infeliz para perseguir un sueño. No es el fin del mundo.

Benicio soltó una risa nerviosa, pasándose la mano por el cabello oscuro, desordenando el peinado perfecto que su barbero le cobraba una fortuna por mantener.

— No es el trabajo en sí lo que me asusta, Martina. Es... decírselo a ellos. A mi padre, a Thiago, a Mateo. —Se apoyó contra la encimera de la cocina, mirando sus zapatos— Llevamos toda la vida formándonos, respirando y comiendo para mantener el imperio unido. Y yo... yo voy a ser el primero en desertar de la línea del frente.

Martina cerró su computadora, se deslizó del taburete y caminó hacia él. Le puso ambas manos en las mejillas, sus palmas cálidas obligándolo a levantar la vista y sostener su mirada.

— Mírame bien, Benicio de la Vega. No estás desertando —le aseguró ella, con una firmeza que no admitía dudas— Desertar es huir por miedo. Tú estás eligiendo tu propio camino. Estás saltando hacia algo que te hace sentir vivo. Ellos lo entenderán. No puedes vivir la vida de tu hermano o la de tus padres solo para que ellos se sientan cómodos.

Benicio sonrió, y la tensión férrea en sus hombros disminuyó notablemente bajo el tacto de Martina. Ella tenía razón.

Con la ayuda de Martina, se había animado a participar de un casting real. Para una serie de televisión en horario estelar de una productora nacional que buscaba a un antagonista carismático. Y, contra todo pronóstico quedó seleccionado.

Treinta minutos después, Benicio cruzaba el inmenso vestíbulo de la Torre VegaCorp.

— Llegas diez minutos tarde, Benicio —fue el saludo de Thiago, sin siquiera levantar la vista de los documentos financieros que revisaba— Espero que el problema de las aduanas en el puerto sur esté solucionado, porque no tenemos margen para retrasos en la entrega de los componentes asiáticos...

— No vengo a hablar de las aduanas, Thiago —lo interrumpió Benicio.

Benicio caminó hasta el centro de la mesa ovalada, pero no se sentó en su silla de cuero habitual. Abrió el cierre de su maletín de cuero y sacó una única carpeta fina. La deslizó por la superficie de caoba hasta que se detuvo justo frente a las manos de Thiago.

Thiago frunció el ceño.

— ¿Qué es esto? —preguntó, mirando la carpeta como si fuera un artefacto explosivo dejado en su escritorio.

— Mi carta de renuncia —respondió Benicio, directo y sin anestesia.

— ¿Tu renuncia? —exclamó Thiago— ¡¿De qué estás hablando, Benicio?! ¿Es una de tus bromas? No estoy de humor hoy.

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