CAPÍTULO 11
Carlos lo esperaba sentado cerca de la ventana, con una botella de coñac a medio empezar. Al ver entrar a su amigo, Carlos no necesitó preguntar cómo había ido la cena; el silencio gélido de Augusto hablaba más que cualquier descripción.
— Te ves como si acabaras de salir de una trinchera y no de un comedor aristocrático —comentó Carlos, sirviendo una copa y deslizándola por la superficie de madera hacia Augusto— ¿Tan amarga estuvo la sopa ?
Augusto tomó la copa de un trago, sintiendo el calor del alcohol golpeando su estómago vacío.
— Todo en esa casa es una farsa, Carlos. La cubertería, las sonrisas, el linaje... todo está podrido por debajo.
Carlos se inclinó hacia adelante, su expresión volviéndose profesional.
— Hablemos de lo que nos interesa. ¿Viste los números? ¿Realmente les darás el dinero que ocupan para que las navieras no se hundan?
Augusto soltó una risa seca, carente de cualquier rastro de humor.
— Lo que Rodolfo Valente necesita para salir a flote es una fortuna enorme, Carlos. Una cantidad que ni siquiera él es capaz de cuantificar correctamente. Cree que un préstamo puente lo salvará, pero sus barcos son fantasmas y su administración es un colador de deudas.
— Entonces, ¿no invertirás? —preguntó Carlos, confundido.
— Oh, voy a invertir —respondió Augusto, girándose con una mirada de una intensidad depredadora— Pero no les daré lo suficiente para que respiren. Les daré lo justo para que no se ahoguen todavía. Quiero tenerlos comiendo de mi mano, Carlos. Quiero que cada vez que necesiten pagar una nómina o reparar un muelle, tengan que venir a esta suite a pedirme permiso. No voy a rescatar a las Navieras Valente; voy a devorarlas pieza por pieza.
Carlos asintió, anotando algo mentalmente.
— ¿Y Saldívar? El banco parece sólido desde fuera.
— Esa es la mayor mentira de todas —Augusto caminó de regreso a la mesa y señaló los informes— Enrique Saldívar es un jugador, tanto en las mesas de casino como en los libros contables. El banco de los Saldívar está en serios problemas. Han respaldado demasiadas inversiones de riesgo de la familia Valente y ahora, con la crisis comercial, sus reservas están bajo mínimos. Enrique está desesperado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.