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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 439

CAPÍTULO 28

La puerta de la habitación se abrió y Teresa entró. Se detuvo en seco al ver la expresión en el rostro de Matilde y las dos cartas esparcidas sobre el escritorio.

— Matilde, ¿qué ha pasado? Pareces haber visto a un fantasma —dijo Teresa, dejando sus cosas sobre la cama y acercándose a su amiga.

Matilde señaló las cartas con un gesto vago.

— Los fantasmas no envían cartas, Teresa. He recibido noticias de mis padres.

Teresa tomó las hojas de papel y las leyó rápidamente, mientras Matilde se dejaba caer en su cama, mirando al techo con los ojos nublados.

— Vaya... —murmuró Teresa tras terminar la lectura— Esto es... es increíble. Tu padre admite que está arruinado. Matilde, eso explica por qué ha estado tan desesperado últimamente. Pero lo de Augusto... ¡Tu padre quiere a Augusto de la Vega!

— Es irónico, ¿verdad? —Matilde se incorporó, apoyando la espalda contra la pared— Hace años, Augusto no era lo suficientemente bueno ni para limpiar los zapatos de mi padre. Ahora, porque tiene millones, es el salvador ideal. Mi padre ha olvidado el desprecio que le mostró, pero yo no. Y estoy segura de que Augusto tampoco lo ha olvidado.

— ¿Y qué vas a hacer? —preguntó Teresa, sentándose a su lado— Tu padre te está dando el permiso que siempre quisiste, aunque sea por las razones equivocadas. Podrías decirle la verdad a Augusto. Podrías decirle que tu padre ahora lo acepta. Aunque no creo que lo haya reconocido.

— ¿Y quedar como una mujer que solo busca el dinero? —Matilde negó con la cabeza— Augusto seguro cree que mi compromiso con Enrique es por interés. Si ahora me acerco a él diciendo que mi padre aprueba nuestra unión, solo lo confirmaré. Él pensará que vuelvo a él porque mi familia está arruinada y él es la única tabla de salvación. Su orgullo es demasiado grande para aceptar un amor que parece una transacción.

Matilde se pasó una mano por el rostro, sintiendo el calor de la frustración en sus mejillas.

— Imagina la escena, Teresa. Yo, llegando a sus brazos justo cuando los acreedores golpean nuestra puerta. Él me mirará con esa frialdad que ha cultivado estos años y verá en mí a una oportunista más, a la misma "niña rica" que ahora mendiga su protección porque el banco de los Saldívar ya no tiene fondos.

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