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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 47

Capítulo 47

CAPÍTULO 25

Cuando Alexander abrió los ojos, su reloj biológico marcando las siete de la mañana a pesar de ser fin de semana, su primer instinto fue estirar el brazo hacia la izquierda.

Esperaba encontrar el bulto cálido bajo las sábanas, quizás volver a sentir el peso de Lucía sobre su pecho o escuchar su respiración suave.

Pero su mano solo encontró la frialdad de la seda estirada.

Alexander se incorporó, frotándose los ojos. La cama estaba vacía. El baño estaba oscuro y con la puerta abierta. No había rastro de vapor, ni olor a jazmin.

- Es sábado -murmuró con voz ronca, mirando el reloj-. ¿A dónde demonios fue tan temprano?

Se levantó, sintiendo una punzada de irritación. Se estaba acostumbrando demasiado rápido a su presencia, y le molestaba que ella tuviera la capacidad de desaparecer como humo sin dejar nota.

Tomó su teléfono y marcó su número.

Uno, dos, tres tonos.

- El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de cobertura...

Alexander colgó, frustrado. Se vistió con roра "casual" para sus estándares (pantalones chinos y una camisa polo azul marino) y bajó al comedor principal.

Alli estaban sus abuelos. Augusto leía las noticias financieras en su tablet con gafas de montura gruesa, y Matilde untaba mermelada en una tostada con delicadeza.

- Buenos días -saludó Alexander, sentándose y aceptando el café que Fanny le servía al instante.

- Buenos días, muchacho -respondió Augusto sin levantar la vista-. Te ves solo. ¿Tu esposa te abandonó por fin?

- Muy gracioso, abuelo. Salió temprano. No sé a dónde.

Augusto dejó la tablet y lo miró con esa intensidad que solía reservar para cerrar tratos hostiles.

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