Capítulo 48
- Alina, ¿verdad? -preguntó él.
- Me recuerdas. Vaya.
- Oh, por supuesto -dijo Alexander con una media sonrisa cínica-. Tienes una cara muy difícil de olvidar. Fuiste tú quien nos recibió a las cinco de la mañana el día que vine a buscar a mi esposa.
Alina sostuvo su mirada.
-¿En qué puedo ayudarlos?
Augusto soltó una carcajada seca detrás de Alexander.
- Me gusta esta chica. Tiene agallas. Venimos a ver a la dueña.
- Lucía está dentro-informó Alina, suavizando el tono ante los ancianos-. Está revisando a un perro que llegó con una infección. No creo que tarde mucho.
- La esperamos -dijo Alexander.
Mientras esperaban, Matilde caminó lentamente por la sala de espera, tocando las paredes y observando los detalles arquitectónicos: las molduras del techo, el arco que separaba la sala del pasillo.
- Esta propiedad... -murmuró Matilde con voz temblorosa-, era mi antigua casa, Alexander.
Alexander se giró, sorprendido.
- ¿Qué?
- Sí, hijo. -Matilde sonrió con nostalgia-. Aquí viví mis primeros años de casada con tu abuelo, antes de que construyéramos la mansión y antes de que naciera tu padre. Era nuestra casa de verano. Cuando me dijiste hace diez años que necesitabas una propiedad para tu esposa, te sugerí esta porque estaba a mi nombre y vacía, pero nunca pensé que... que ella la cuidaría tan bien.
- Le dio vida -añadió Augusto, mirando alrededor -. Estaba cayéndose a pedazos la última vez que vine. Ella la restauró respetando la estructura original.
Alexander se quedó en silencio. No recordaba que esa casa hubiera sido de su abuela. Simplemente había pedido a Damián una propiedad disponible en el portafolio inmobiliario de la familia para cumplir el contrato. Saber que Lucía había vivido y trabajado en la casa que guardaba los recuerdos de sus abuelos le daba una capa de profundidad a la relación que él no había planeado.
Como a los quince minutos, la puerta del consultorio uno se abrió.
Lucia salió, secándose las manos con una toaila de papel. Llevaba su bata blanca con el estetoscopio al cuello y el pelo recogido en una coleta práctica.
Se veía profesional, competente y, a los ojos de Alexander, irritantemente atractiva en su elemento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.